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Homenaje a un gran panadero Antonio Truyol Albertí (QEPD)

A comienzos de abril falleció don Antonio Truyol Albertí. Él no sólo fue un respetado industrial panadero (activo por más de 60 años en el rubro), sino que un destacado dirigente gremial.


Fue presidente de Unipan V Región y vicepresidente de Fechipan entre los años 80 y 90, donde participó de varias iniciativas en favor del sector.

Su actividad gremial comenzó a principios de los años 60, cuando -según sus palabras- entendió “el valor de trabajar con los colegas, porque se consiguen más cosas que si uno va por su cuenta”.

SU HISTORIA


Nació en el seno de una familia de inmigrantes españoles, dedicados a la panadería. Su padre, Francisco Truyol Perelló, llegó al país en 1923, procedente de las Islas Canarias. De inmediato se integró en la panadería Las Baleares, de propiedad de su hermana Catalina y de su cuñado Antonio Alomar.

Cuando ya llevaba un año trabajando, su cuñado le consiguió una esposa en España. Antonia Albertí, de 23 años, aceptó la propuesta de compromiso. E hicieron una ceremonia civil a la distancia.




A su llegada a Chile, el matrimonio se instaló en una panadería en Curicó. Ahí nació Antonio Truyól Albertí. 6 meses después, un gran terremoto destruyó la casa y el local. Volvieron entonces a Santiago, a la casa del tío Antonio y el padre a trabajar en su establecimiento.

Tras un breve paso por otra panadería de la familia, que no rentabilizó para todos los socios,

Antonio Truyol padre tomó una oportunidad para ir a trabajar de empresario de teatro en Angol. Allá la señora Antonia se enfermó gravemente y se trasladó a Santiago para operarse. La familia la siguió y el padre entonces se asoció con una persona para comprar el teatro Providencia, además de otros 3 teatros, con los cuales les iba bastante bien.




SU COMIENZO EN PANADERÍA


En esa época Antonio Truyol Albertí tenía como 10 años y estaba en el Liceo Lastarria. Su padre le dijo que debía trabajar en la boletería del teatro, vendiendo entradas. 4 años después su papá dejó los negocios del teatro y llegó a Til Til con la idea de construir una panadería. Le propuso que dejara el colegio y trabajara con él, porque estaba muy mal de salud.


Compraron una panadería instalada, El Olivar, donde sólo producían 6 sacos y no hacían reparto. Entonces, Antonio Truyol hijo sacó licencia para usar una burrita algo vieja. Según una entrevista publicada en el libro “Siglo XX, Historia de Nuestra Panadería”, elaboraban “un pan totalmente diferente, muy rico. Sólo preparábamos pan batido, pan amasado, hallullas y colisas. Las poníamos en unos sacos para repartirlas en la camioneta a algunos fundos”.

Al poco tiempo se trasladaron a Viña del Mar en busca de un mejor entorno para las hijas. Tras vender todo lo que tenían en Til Til, compraron el derecho de administración de la panadería Salvador.


En 1951 falleció su padre y don Antonio Truyol Albertí quedó con la responsabilidad de cuidar a la familia. Pero no tenía mucha idea de la panadería ni de los contratos firmados para su operación. Afortunadamente se encontró con Gregorio Ochoa, dueño de la panadería Ochoa, un gran establecimiento. Le contó su situación y él llamó al molino Schiavetti para que respetaran el contrato que tenían con su papá y le enviaran harina. Además, le vendió con grandes facilidades un auto para trabajar, para que no anduviera en bicicleta. Don Gregorio vendió su panadería a Antonio Castañeda y tuvo la idea de crear una sociedad panadera llamada Sipan Viña, la cual integraron en total 12 locales, incluyendo el de Antonio Truyol Albertí. La entidad tenía como objetivo generar un grupo que pudiera negociar mejor frente a los proveedores y asesorar a los asociados frente a temas legales.

Los años en Sipan fueron muy provechosos. Truyol logró adquirir una propiedad que estaba al lado de la panadería y negociar con la dueña la compra definitiva del local que ocupaban. Lamentablemente esa aventura llegó a su fin en el año 1959.

A mediados de los 60, arribó a Chile desde España un sobrino, Antonio Truyol Beltrán, el “Antonio chico”, con quien se asoció y compraron la panadería Santa Cruz en la subida Cumming. Además, pusieron una pequeña sucursal en la avenida Pedro Montt. En 1969 compraron otro local cercano a la sucursal y para administrarlo formaron una nueva sociedad con su sobrino, otros parientes y un amigo. Con el tiempo se incorporó a los negocios familiares su hijo Francisco, con quien siguió desarrollándonos en el sector a través de los años.


DIRIGENTE

Tras la experiencia en Sipan, don Antonio se acercó a Unipan a principios de los 60 y ahí conoció a una serie de dirigentes que estaban encabezados por don Arsenio Estay. La mayoría eran extranjeros y por eso cuando llegó la época de Allende, por presiones familiares y temor a represalias, decidieron salirse de la primera línea. Dado que era el único chileno en el directorio, fue electo presidente y tuvo que estar al mando cuando fue el golpe militar.

Desde Unipan colaboró para reorganizar Fechipan, la Federación Chilena de Industriales Panaderos, donde con colegas de diversos puntos del país lograron incentivar a otros empresarios del rubro y abrieron nuevas asociaciones en 16 ciudades de Chile.

Fechipan estaba presidida por Francisco Bouzo, quien le pidió que fuera vicepresidente de la entidad, a lo que accedió. Luego de un tiempo, hubo una reunión urgente y a Bouzo le pidieron la renuncia los industriales que no eran de Santiago, solicitándole de paso a don Antonio que presidiera la federación. Estuvo en ese rol por varios años, hasta 1987. Pero su trayectoria como industrial siguió por muchos años más…

Con este breve relato, desde Indupan Santiago queremos rendirle un breve homenaje y enviar nuestras más sentidas condolencias a su viuda, Eliana Canessa y a sus 4 hijos: Pilar, Francisco, Alejandro y Juan Pablo.

Quedará don Antonio en sus corazones, así como en los de sus 13 nietos y 5 bisnietos.


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