Gonzalo Soto Brant, de 43 años, se convirtió hace unos pocos meses en seremi de Salud de la Región Metropolitana (RM). Un cargo que es de gran importancia, no sólo porque es la encargada de fiscalizar las condiciones sanitarias en las que trabaja nuestro sector, sino porque tiene bajo su responsabilidad una amplia gama de tareas en todo el ámbito del quehacer regional.

Por eso no es infrecuente ver a esta autoridad supervisando las condiciones cuando ocurre un accidente laboral, así como las medidas adoptadas previas a un concierto y un partido de fútbol de gran convocatoria. Además, visitando los terminales pesqueros en Semana Santa, las fábricas de empanadas para Fiestas Patrias y las de Pan de Pascua para Navidad.

Y es que son muchos los deberes que este seremi debe atender y en la siguiente conversación repasamos algunos de ellos con la nueva autoridad.

¿QUIÉN ES?

Es psicólogo de profesión y magister en Salud Pública. Además académico de la Escuela de Salud Pública en su Programa de Salud Mental.

En 2023 cumplirá 20 años de trayectoria laboral en el sector público. Ésta se compone de 7 años en la atención primaria (en el consultorio El Manzano de San Bernardo); 2 años en el área de estudios del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda); 6 años en el Ministerio de Salud (en la División de Atención Primaria) y, en su rol en docencia en la Escuela de Salud Púbica, donde aún sigue ejerciendo 11 horas como académico, tal y como la ley se lo permite.

Adicionalmente, antes de asumir la seremi se desempeñó como consultor internacional de la oficina de Washington de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

¿Cómo asumió la responsabilidad de tomar este nuevo cargo?

Fue un honor que la ministra y el equipo de la subsecretaría hayan pensado en mí. Yo estaba trabajando para la OPS, con equipos de distintos países y distintas regiones, donde hay unas 1000 personas para la región de las américas. Ahora llego a una institución en la que cumplen funciones unas 3500 y es muy reconocida dentro de la RM y de Chile.

¿Tiene alguna meta específica para su gestión?

De alguna manera poder aterrizar y hacer operativas aquellas metas del área de salud contempladas en el Programa de Gobierno del Presidente Gabriel Boric. Entre ellas, abordar las inequidades y las injusticias en salud. En eso la seremi puede hacer mucho. No sólo está llamada a fiscalizar, que es lo que más se conoce, sino que a trabajar en la promoción y prevención de la salud. Ahí hay mucho que se puede hacer y en ese sentido un eje importante es la participación social de todos los actores que tienen que ver con las acciones que ejecuta la seremi.

¿Cómo lo harán?

Dentro del programa está la participación y la gestión intersectorial del abordaje de distintas materias… es un trabajo que se realizará con las 6 provincias, así como con los municipios para poder fortalecer la estrategia de promoción y prevención.

Algunos temas que podemos tocar son el acceso y la calidad del agua que recibe la población en la RM (destaca que hay sectores que la reciben por camiones) y también problemáticas como los asentamientos informales, como los campamentos, así como las personas que están en situación de calle. Se puede identificar allí la necesidad de un trabajo intersectorial, porque hay una afectación de la calidad de vida de las personas.

¿En lo que respecta a alimentos, hay algo que nos pueda destacar?

Hay iniciativas en torno a la seguridad alimentaria que se pueden potenciar… al tener 18 comunas rurales en la Región Metropolitana, en algunas de ellas hay muy buenas ideas. Una de ellas es la que tienen alcaldes en zonas cercanas a Curacaví, en relación a desarrollar una agricultura popular. También está el caso de la municipalidad de San Pedro, que quiere avanzar en un proyecto de cultivo de legumbres y en otro para cultivar trigo.

¿Cuál sería el rol de la seremi?

Primero fomentar. Segundo una asesoría técnica. O sea, si van a producir un alimento, que lo hagan con todas las normas de calidad que correspondan… ahí podemos hacer mucho. Y después, cuando tengan su establecimiento, supervisar y fiscalizar. Pero hay un trabajo previo de promoción y orientación.

Respecto de las fiscalizaciones, ¿cuál será el trabajo en su gestión?

Entendemos que por la pandemia éste ha declinado [Nota del editor: Le respondemos que nosotros no hemos notado esa baja en las fiscalizaciones]. Por eso queremos fortalecer los equipos.

¿Cuántos fiscalizadores tienen?

Ese número que mencionamos (3500 funcionarios totales) se produce por la sobredotación que tiene que ver con la pandemia. Ésta nos permitió que todas las seremis del Salud del país contrataran excepcionalmente a un número mayor de trabajadores.

Entonces, tenemos unas 2500 personas dedicas a labores de control de la pandemia, a la fiscalización. Muchos trabajando en el aeropuerto, en residencias sanitarias, en la monitorización de las cuarentenas; otros en uso de las mascarillas y el resto en sumarios por ese tipo de materias.

Los fiscalizadores del staff son unas 860 personas. Ellas son de carrera, están capacitadas y son muy competentes para abordar materias de aire, agua, alimentos, establecimientos, posiciones médicas… pueden ejecutar las fiscalizaciones y planes de vigilancia, que es lo ideal, ya que es algo más preventivo.

¿Qué tan masivas fueron las fiscalizaciones en pandemia?

Desde que comenzó la pandemia, el uso de las mascarillas derivó en cerca de 1 millón 200 mil fiscalizaciones y hay casi 100 mil sumarios que tienen incumplimientos de cuarentenas. Los equipos se vieron muy tensionados. Si bien tenían una alta calificación para abordar otras materias, tuvieron que salir a la calle a fiscalizar a la gente y estar en los cordones sanitarios de la región.

¿Cómo se comportaron las industrias en pandemia?

La industria panadera ha respondido satisfactoriamente a todos los requerimientos y a las necesidades de la población, dando continuidad a los servicios, lo que es muy importante. La seguridad alimentaria para nuestro país y nuestra cultura, donde el pan es tan relevante, es fundamental y a esto se le ha dado continuidad.

Una pregunta que siempre nos hacemos es, ¿qué rol tiene y qué puede hacer esta seremi cuando se encuentra con una empresa que trabaja en forma ilegal, sin permisos?

Si hay una panadería ilegal, lo que hacemos es coordinarnos con Carabineros. Entonces se puede hacer un decomiso. Esto a la industria o a los vendedores.

En el caso de la venta de alimentos en la calle, Carabineros hace el decomiso, las municipalidades hacen el retiro y la seremi colabora en la desnaturalización de ellos. Pero como la seremi no puede ir a las 52 comunas, se hacen convenios de colaboración para que ellas puedan hacer trasferencia de funciones.

¿Cómo se atacan a las empresas ilegales de nuestro sector?

A las amasanderías y panaderías ilegales tenemos que ir con Carabineros. Pero para llegar a ellas necesitamos la colaboración de la comunidad para que nos alerte. Nos basta una denuncia de una persona.

En ese caso se clausura (prohibición de funcionamiento) y se decomisa todo. Se multa a la persona que está a cargo.

¿Se podría avanzar en esfuerzos conjuntos para educar en torno a las exigencias?

Hay un área de trabajo que permite compartir con los distintos actores para precisar cuáles con los aspectos que se les exigen a determinadas actividades. Eso se puede compartir. Que se sepa que cuando vamos “esto es lo que vamos a mirar”. Eso lo podemos divulgar.

¿Podemos hacer un trabajo conjunto de actualizar lo que se nos pide?, ¿elaborar cartillas conjuntas que podamos entregar?

En muchos aspectos hemos pensado en que hay que hacer cosas como esas. Por ejemplo, queremos reunir a todas las productoras para decirles lo que les vamos a exigir en eventos masivos…

Vamos a conversar con los equipos para ver cómo lo podemos hacer con las panaderías. También se puede efectuar una jornada por zoom, a la que se invite a los socios. Informar de las actualizaciones, hacer una ppt y que se genere una conversación preventiva. Nos interesa realizar un trabajo preventivo con las panaderías.

¿Tiene cifras de los sumarios que cursan en todas las áreas?

Son unos 200 diarios. Sin considerar las reposiciones (las apelaciones). Y esto lo ven alrededor de 36 abogados, por eso no son rápidas las resoluciones y, por tanto, es mejor prevenir.

¿Algo que decirle a los panaderos?

En primer lugar un gran saludo. Agradecer todo su trabajo y esmero en medio de la pandemia, que fue difícil para todos y, por sobre todo, para las industrias. Y en este caso hay que destacarlos por dan continuidad a un producto tan importante para la ciudadanía, como es el pan. Es un honor tener este primer contacto con una industria tan importante, que es un patrimonio.

¿Tiene algún recuerdo con el pan?

Yo estudié en el colegio Hispanoamericano y tuve varios compañeros con familias de panadería. Recuerdo haber ido a algunas de sus casas y tenían la panadería en el primer piso, pero la casa en el segundo. El olor a pan era increíble.

Mi pan favorito es la marraqueta con palta o con mermelada. Una panadería a la que he entrado a comprar un muy buen pan, es la que está en Franklin con Santa Rosa, La Superior. Son muy buenas las marraquetas y el pan de completo de ahí.



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