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PANADERÍA SUSTENTABLE Por José Barja Director de Indupan A.G.



La sustentabilidad es un concepto que se refiere a la capacidad de satisfacer las necesidades presentes sin comprometer las acciones de las futuras generaciones para cubrir sus propios requerimientos. En otras palabras, implica equilibrar el desarrollo económico, social y ambiental para garantizar un mejor futuro para todos.


La industria panadera no escapa a esas premisas y en un mercado donde las nuevas generaciones de consumidores tienen muy claros los principios mencionados, sucederá que ellas no tardarán en exigir a los locales que frecuentan, un compromiso real con las ideas enunciadas para continuar prefiriéndolos.


En esos términos, una panadería sustentable será aquella que opere minimizando su impacto negativo en el medio ambiente y contribuyendo al bienestar social y económico de la comunidad en la que está ubicada. 


Y no hay mucho tiempo para evolucionar o poner en duda esta tendencia, porque claramente es algo que está a la vuelta de la esquina y que compromete seriamente el desarrollo, crecimiento y sobrevivencia de la panadería artesana.


Siendo Chile un país de gran tradición panadera, donde los clientes valoran y aprecian los establecimientos que les ofrecen buenos productos con máxima calidad, no podemos quedarnos de brazos cruzados y mirar de reojo la sustentabilidad. Ya no basta con los esfuerzos por contar con alimentos de excelencia. Debemos avanzar al siguiente nivel y considerar los temas sustentables, porque son una corriente poderosa que avanza a pasos agigantados.


En la reciente feria Sigep, realizada en Italia, tuve la ocasión de ver cómo el fenómeno sustentable, también denominado economía verde, es una realidad que nadie se cuestiona y que gana adeptos en el entendido de que representa el futuro del negocio alimentario.


Lo anterior debe traducirse en varios puntos relevantes a considerar, tales como el uso de ingredientes orgánicos y locales, contemplando la atención de quienes presentan inconvenientes alimenticios con elementos como el gluten, el azúcar o la sal. También la reducción de desperdicios, el uso de energías renovables, la eficiencia para la utilización del agua, sistemas de transporte y distribución amigables con el entorno, un compromiso con la comunidad para participar activamente en iniciativas locales y, la educación y concientización de clientes y empleados sobre la importancia de aportar a la sustentabilidad mediante pequeñas acciones diarias.


Por último, hay que contemplar el uso de embalajes eco-amigables, que sean biodegradables, compostables o fácilmente reciclables y exhibir nuestras fortalezas de modo de generar en los compradores, la convicción de que estamos a tono con los nuevos tiempos. Es hora de poner manos a la obra y de promover un modelo de negocios que sea sostenible y aceptado en el largo plazo. No podemos claudicar ni perdernos en ese objetivo.

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