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Se remonta a 1957:La historia de la familia Gallego en panadería


La historia de la familia Gallego en la panadería nacional, parte con don Rolando Gallego Constantino (hoy de 90 años), chileno cuyo padre fue un inmigrante sevillano y su madre hija de sirio casado con chilena.

Curso sus estudios en el colegio Valentín Letelier. Al egresar pensó estudiar odontología, pero falló en un examen final y esto lo desmotivo de seguir con ese objetivo. Por tanto, decidió incursionar en el rubro de las botillerías, comprando un negocio de esa área junto a uno de sus hermanos. Ahí les fue muy bien y quiso seguir creciendo, pero su socio tenía otros objetivos, razón por la cual vendieron el negocio. Entonces, con parte de lo que había ganado compró un camión para incorporarse a la actividad de su padre, cuyo rubro era la de venta de insumos de para fundos, tales como fardos de pasto para el forraje de animales, y la venta de leña a las panaderías, ya que ese era el combustible de la época para los hornos de éstas.

Con el tiempo y por consejo de su padre, don Rolando dejó esas tareas para buscar algo con más proyección económica y “menos sacrificado”, y así llegó a la panadería de un tío (hermano de su papá), donde el joven Rolando Gallego se convirtió en un verdadero administrador.


La experiencia fue su “servicio militar” en el sector, ya que se volvió un gran desafío por el sinnúmero de tareas que le tocó desempeñar. Por ello, sólo lograba acostarse a dormir a las 23 horas y debía levantarse a veces durante la noche (cada 2 horas) para recibir a los trabajadores de distintos turnos.

Esta rutina la mantuvo por 2 a 3 años, pero físicamente le afectó. Sufrió una bronconeumonía que lo tuvo muy grave, así que, por recomendación de un médico, quien le dijo que ese ritmo lo iba a matar, decidió renunciar. Claro que se comprometió con su tío a preparar a un reemplazante antes de marcharse.

En 1956 su paso siguiente fue asociarse con Julián Zaldainena, quien era su cuñado y compraron una panadería en la comuna de La Cisterna, frente a la población San Ramón. A eso se debe el nombre del local que se abrió en 1957.

En 1960 don Rolando conoció y se casó con su mujer. Se fueron a vivir a la panadería hasta el año 61, cuando compraron una panadería en construcción, en la comuna de San Miguel (calle Marqués de Ovando). Ella fue la San Ramón 2, donde se cambiaron en 1962. Pronto el lugar para vivir se les hizo pequeño y la familia se mudó a una casa que adquirieron en el sector del Llano Subercaseux.

Gracias a los años de trabajo en los que don Rolando definió como los ejes estratégicos de su gestión “la calidad de los insumos, un buen producto y una atención siempre personalizada”, alcanzó el éxito y pudo obtener la estabilidad económica para educar a sus 5 hijos.

Después que murió su cuñado, don Rolando tomó la decisión de separar la sociedad y ahí quedó como socia su hermana, a la que finalmente le compraron sus derechos.

Entre los años 1978 y 1979 ingresó a trabajar con él su hijo mayor, también llamado Rolando, quien estaba en la universidad; no obstante, igualmente decidió ayudar durante algunas horas a su padre. Pasó un tiempo, pero hacer las dos cosas se volvió muy pesado y optó por el negocio familiar.

En el año 1986 se incorporó su hijo Antonio. Y en los años 90 lo hizo Andrés. Su hija, en tanto, estudió pedagogía en artes plásticas en la UC, pero hoy está dedicada a terapias de sanación alternativas como el reiki. Y el menor, José Miguel, es ingeniero comercial y trabaja en la CCU desde que salió de la universidad, donde ha ocupado distintas gerencias.

Andrés nos relata que en 2003 se les expropió la primera panadería para construir una autopista y el metro. Aprovecharon estos acontecimientos para cambiar la constitución societaria, donde los 3 hijos varones que ya trabajaban en la empresa ingresaron a ser socios de su papá. Y si bien todos estudiaron en la universidad, finalmente eligieron seguir en la panadería.

No fue algo inesperado, ya que desde niños se integraron a este mundo. Ya sea envasando Panes de Pascua, envolviendo las empanadas, atendiendo en el mostrador y las cajas, así como saliendo con los repartidores.

DIRIGENTE

Pero don Rolando padre no sólo se dedicó a ser industrial. Por aproximadamente 11 años fue dirigente en Indupan Santiago. En ese tiempo, las esposas de los dirigentes tenían un papel muy destacado en el gremio, nos comenta Andrés Gallego. “Ellas hacían reuniones, actividades sociales y, entre otras cosas, organizaban la fiesta de navidad de los hijos de los panaderos. De los obreros. Eran fiestas muy masivas”.

En esa etapa don Rolando Gallego padre conoció al papá de Andrés Campeny (que tenía el mismo nombre) y se formó una amistad que duró hasta que este último falleció. Y a lo largo de los años y de las reuniones, sus hijos se hicieron también amigos. Tanto así que hoy Rolando Gallego y Andrés Campeny hijos son socios en Pan Top.

Volviendo a don Rolando Gallego padre, él estuvo como dirigente durante 3 períodos, pero luego dio un paso al costado para dar oportunidades de participación a las nuevas generaciones. Hoy, a sus 90 años de edad, está retirado, pero hace 5 años atrás no era raro verlo en las panaderías revisando que las cosas se hicieran como a él le gustan.

En la actualidad los hijos están 100% enfocados en mantener todos los aspectos positivos que su padre desarrolló como sello de su industria. Pero al mismo tiempo, procuraron modernizarla y hacerla crecer.

Un primer hito de la nueva sociedad fue crear otra panadería para reponer la pérdida. Buscaron por bastante tiempo hasta que compraron una pequeña propiedad que estaba ubicada en Avenida Portales, en La Florida. Era casi una amasandería con una sala de ventas muy pequeña y muy baja producción.

En dicho lugar levantaron una plata productora de pan semi automatizada (se inauguró el 7 de julio, día de San Fermín, del año 2005), pero sin romper la tradición del pan artesanal. En ella trabaja Antonio. Andrés se quedó en la San Ramón 2 junto a Rolando, que para ellos es la casa matriz.

MODERNIZACIÓN

Otro paso clave de la empresa fue la reciente renovación de tecnología que realizaron. Esto les permitió estandarizar sus productos, aumentar la producción y estabilizar la calidad de sus panes sin perder la artesanalidad en los procesos.

Antonio Gallego nos comenta que hace algunos años para buscar tecnología llegó a Teknomeal, porque tuvo alguna información de esa empresa en una Fipach. Después recibió buenas referencias de otros colegas. Conversaron unos 2 años respecto de la compra de una ovilladora, pero no fue hasta que la vio funcionando en la panadería La Floresta que se decidió.

Luego compraron 4 máquinas más en esa empresa y otra a un industrial. Buscaban obtener un gramaje preciso y un ovillado lo más semejante a la mano humana.

Como en todo proceso de cambio, al principio el personal estaba desconfiado y pensando que la compra era para despedir gente. Pero les explicaron que, por el contrario, la idea era crecer… De a poco se acostumbraron y hoy “aman” la tecnología que les ayuda en el trabajo.

Para ellos adquirir equipamiento de avanzada fue un verdadero aporte, porque el corte del volumen físico es absolutamente perfecto. Y esto les permite, además, elaborar una amplia variedad de productos de panadería y bollería. “Las máquinas posibilitan estandarizar la calidad del producto y su gramaje de manera perfecta”, destacan.

Estas decisiones les han dado la confianza de que pueden crecer y expandirse. Sin embargo, advierten que solas no puede hacer milagros… Así que sostienen que no hay que traicionar los procesos y siempre utilizar insumos de la mejor calidad.

Para la sociedad de los hermanos Gallego la panadería en Chile está en transición y en un momento de tomar decisiones. O se achican y transforman en panaderías tipo boutiques o hacen el cambio definitivo con el uso de buena tecnología. Hoy el margen es bajo y el pan se ha vuelto un negocio de volumen. Por eso, creen que, si no se invierte en tecnología, la panadería lisa y llanamente va a morir.

Consultados sobre por qué a ellos les ha ido bien, dicen que su padre formó un negocio súper ordenador y sacando productos de muy alta calidad para esos años. Trabajaba con las mejores materias primas que encontraba en el mercado. Y se preocupó de sacar buen pan.

Como dato anecdótico, Andrés menciona que su padre inventó los timbres con los nombres de la panadería y los aplicaba en uno o dos tipos de panes, lo que hizo furor.

El último logro de esta exitosa sociedad fue obtener el título del Mejor Pan de Pascua 2022, en la primera competencia realizada por el gremio, donde participaron varias decenas de empresas.


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