¿Cuánto vale mi empresa? Ésta es una buena pregunta que cualquier empresario podría hacer? Razones para saber el valor de mi empresa podrían ser muchas. Una primera es porque tenga interés en venderla; otra podría ser la salida de un socio de la propiedad, el cual exigiría un pago justo por su participación. También se podría tener interés en implementar un sistema de incentivos para los administradores, basado en la creación de valor; es decir, a medida que los gestores van generando valor, van recibiendo un premio o incentivo. En fin, razones para querer saber el valor de una empresa pueden ser diversas. El desafío, entonces, es determinar el valor económico de ellas.


Algún empresario podría pensar que su empresa vale la suma de todos sus activos menos la suma de todos sus pasivos, lo que contablemente sería el valor del patrimonio. Sin embargo, es muy posible que ese valor contable del patrimonio vaya a estar lejos de su valor económico; es más, la evidencia empírica muestra que ese valor comúnmente está por debajo.

La diferencia, entre otras razones, podría deberse a la existencia de algunos activos intangibles que no se consideran en la contabilidad, tales como una buena relación con sus clientes o proveedores, o el nivel de eficiencia con que una empresa fabrica sus productos. También los planes que el dueño de la empresa tenga a futuro, como por ejemplo la ampliación de la capacidad productiva, dado una creciente demanda, lo que tampoco se registra en la contabilidad y sin duda agrega valor a la empresa. Por último, en la definición inicial, tampoco se estarían considerando las sinergias que se logran al utilizar en forma conjunta los diferentes activos que la empresa posee.


En la literatura se encuentran diversas propuestas para estimar el valor de una empresa, las cuales se podrían dividir en dos grupos. El primero, basado en la información contable y otro basado en la rentabilidad futura esperada. Dentro de los métodos basados en la información contable, el más utilizado es el Método de Múltiplos Comparables, el cual consiste en buscar empresas similares a la que queremos valorar, que transen sus acciones en algún mercado y luego relacionar su valor bursátil con alguna de las principales magnitudes e indicadores claves tales como ventas, EBIT (utilidad antes de intereses e impuestos), EBITDA (utilidad antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones), flujo de caja o razón precio/utilidad, entre otros. A pesar de ser un método muy utilizado, dado principalmente por su simplicidad, no es apropiado para pequeñas o medianas empresas, debido a que éstas en su mayoría no tienen símiles comparables en algún mercado, por el solo hecho que aquellas que transan en bolsa tienen un tamaño muy superior.


Dado lo anterior y dentro de aquellos métodos de valoración basados en la rentabilidad futura, aparece con ventaja el de Flujos de Caja Futuros, descontados a una tasa de ganancia requerida, ajustada al riesgo del negocio y conocida como tasa de costo de capital promedio ponderada (WACC).


Este método es sin dudas el más utilizado, ya que se basa en la premisa de que el valor de cualquier inversión (empresa) depende de su capacidad para generar flujos de caja futuros y su riesgo intrínseco.


El principal desafío de este método es intentar estimar el flujo de caja que la empresa generará en el futuro, determinando un horizonte de estimación finito (en períodos) para luego, al cabo de ese horizonte, adicionar un valor terminal que represente el valor presente de los flujos de caja desde el año n+1 en adelante.


Una vez estimados los flujos de caja, se deben traer a valor presente descontándolos a la tasa WACC, que es un promedio ponderado entre lo que los dueños le exigen a su inversión y la tasa de interés que exigen los acreedores. Con esto, se determina el valor económico de los activos de la empresa y por tanto al descontar a este valor las deudas exigibles (pasivos), se logra estimar el valor económico del patrimonio.


En resumen, estimar el valor de una empresa se hace cada vez más necesario y para hacerlo el método más adecuado y utilizado se basa en la capacidad generadora de flujos de caja que la empresa tendrá en el futuro y el riesgo operacional y financiero que enfrenta dado su naturaleza y su nivel de endeudamiento respectivamente.


Fernando Mejido Muñoz.

Director Nacional Escuela de Auditoría y Control de Gestión.

Universidad Santo Tomás.

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