Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG
Desde pequeño, Felipe Espina estuvo rodeado por el olor del merengue, el batir de la mantequilla y la precisión de las recetas que su padre, un maestro pastelero, había aprendido desde adolescente.
“Todo nace de mi padre, recuerda, él estuvo ligado a los inicios de la Pastelería Cory, desde que era un taller hasta convertirse en lo que conocemos hoy. Siempre estuvo vinculado a esto, lo ama, lo hace con pasión desde que tengo uso de razón”, indica Felipe, su cofundador.
Ese vínculo profundo con la tradición pastelera familiar fue la primera chispa que encendió la idea de su propio proyecto: una pastelería que llevara el apellido de la familia y, al mismo tiempo, reinventara lo que ellos amaban.
La historia de Ruyed está marcada por la perseverancia. “En algún momento, hubo intentos de mi padre y de sus hermanos, pero fracasaron por distintos motivos relacionados con sociedades y negocios”, cuenta Felipe.
Fue la pandemia, sin embargo, la que transformó la inquietud en acción. Con todos encerrados en casa y la vida laboral detenida, él decidió que era el momento de hacer realidad un sueño que había crecido durante años. “Siempre tuve la inquietud interna de que, si está dentro de mi papá, el mundo lo tiene que conocer. Mi padre tiene un talento extraordinario, y no podía quedarse sin tener su propia pastelería”, dice.
Uno de los aspectos qye caracteriza a Ruyed es que las recetas familiares han padao a formar parte de la innovación artesanal.
Ruyed no es solo un negocio; es una experiencia pensada para conectar con las personas. “No queremos que la torta sea un simple acompañamiento de celebraciones o momentos en casa. Siempre buscamos que haya una propuesta detrás, algo que haga que la experiencia sea memorable”, explica Felipe.
Por ejemplo, en ciertas fechas, la pastelería incluye dinámicas en las tortas: tarjetas, mensajes o pequeñas sorpresas que invitan a celebrar y a compartir, creando un vínculo emocional con la marca y con los seres queridos.
Esa intención se refleja también en el estilo de los productos. Ruyed combina lo tradicional con la innovación. “Somos muy artesanales, muy de autor, pero también buscamos darle una vuelta a lo que conocemos. Por ejemplo, nuestra torta Jardín de Limón rescata un postre tradicional chileno, el pan de limón, pero lo llevamos a formato de torta comestible con panqueques y rellenos especiales. Fue un éxito desde el primer día”, comenta Felipe.
Otro ejemplo es el Merengue Chile Alegre, inspirado en sabores de la infancia, y la Panita Hamburguesa Blanca, que toma referencias de helados y sabores populares, reinterpretándolos con creatividad y técnica.
“Siempre tomamos gustos que son parte de la memoria colectiva y los llevamos a un nivel distinto, con innovación en diseño, sabor y packaging”, añade.

Felipe enfatiza que cada producto de Ruyed busca que la persona no solo consuma una torta, sino que se conecte con la marca y la historia que hay detrás. La idea es generar fidelidad a través de experiencias, no solo por la calidad del producto.
“Queremos que el cliente sienta que esto está hecho para él, y ahí reside nuestro desafío: mezclar procesos industriales con la mano artesanal, sin perder la esencia”, explica.
Consultado sobre su impresión respecto al gremio y la colaboración como motor del crecimiento para negocios jóvenes, Espina reconoce la importancia del gremio pastelero y panadero. “Conectarse con pares es clave. Uno aprende, comparte experiencias, consulta dudas, y también genera compañerismo. No es competencia, sino colaboración”, explica.
Para él, asociaciones como Indupan tienen un rol crucial: promueven la profesionalización del rubro, incentivan la participación en concursos y apoyan la innovación, lo que permite a pastelerías jóvenes como Ruyed desarrollarse y crecer de manera sostenible. “Estas instancias permiten acelerar caminos, abrir oportunidades y aprender de otros maestros, todo sin perder el sentido del oficio”, afirma.
El vínculo con el gremio también influye en la selección de materias primas, la calidad de los productos y la interacción con clientes. “Para nosotros, la experiencia completa incluye cuidar cada detalle, desde el ingrediente hasta el momento en que el cliente prueba la torta”, señala.
Ese compromiso con la excelencia y la comunidad ha convertido a Ruyed en un referente de pastelería artesanal emergente, con una clientela que valora tanto la calidad como la historia detrás de cada producto.
Resopecto a los desafíos de la pastelería artesanal en un mundo industrial, sabemos que la competencia con la producción industrial es uno de los principales desafíos. Felipe lo describe como un “David contra Goliat”.
“El primer desafío es cumplir con todas las normativas, y el segundo es cómo crecer sin perder la esencia artesanal. Queremos industrializar ciertas etapas para llegar a más clientes, pero manteniendo la sensación de que cada producto está hecho especialmente para ellos”, explica.
El boca a boca sigue siendo su mejor publicidad, pero la presencia digital se ha vuelto indispensable. “Tenemos que llevar la recomendación al mundo digital, mostrar lo que hacemos y transmitir el mismo valor humano que sentimos al preparar cada torta. No es publicidad tradicional, es compartir nuestra historia”, afirma.

Visión de futuro: expansión, innovación y diversidad
Felipe proyecta Ruyed más allá de las tortas tradicionales. “Queremos tener dos o tres puntos de venta importantes, mantener la calidad y acercar nuestros productos a más personas. También pensamos en formatos individuales, que se puedan disfrutar en casa o enviar como regalo”, comenta.
Además, la pastelería explora opciones sin azúcar, veganas y sin gluten, respondiendo a demandas crecientes de clientes que buscan indulgencia sin comprometer la salud. “Muchos clientes diabéticos nos agradecen poder disfrutar tortas ricas y bien presentadas. Ahí vemos una gran oportunidad”, añade.
El crecimiento no se limita a la oferta de productos. Felipe también visualiza una estrategia de marca sólida, con enfoque en la fidelización y la conexión emocional con los clientes. “Uno no vende solo un producto, vende una historia, una identidad. Por eso es clave construir una marca desde el inicio y sumar atributos progresivamente”, explica.

Un mensaje para los emprendedores
Finalmente, Felipe deja un consejo para quienes sueñan con abrir su propia pastelería: “Nunca estarás cien por ciento preparado, pero hay que lanzarse. La preparación en administración y finanzas es clave, y la construcción de marca aún más. Se puede partir desde casa, con lo mínimo, y si el producto funciona, se va sumando valor y creciendo con el tiempo. La esencia artesanal, el amor por el oficio y la conexión con los clientes son la verdadera base del éxito”.
En la historia de Ruyed Pastelería, la tradición familiar, la pasión por el oficio y la mirada innovadora de Felipe Espina se conjugan para crear algo más que tortas: un proyecto que busca transformar el consumo en experiencia, rescatar la memoria del sabor chileno y abrir caminos para nuevas generaciones de pasteleros.

