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Menos horas, más valor: el verdadero desafío de la panadería chilena

Por: Abelardo Novoa, vicepresidente de Indupan AG.

La industria panadera chilena está entrando en una nueva etapa. En los últimos años, el costo de la mano de obra ha aumentado de forma sostenida, mientras se hace cada vez más difícil atraer y fidelizar trabajadores calificados. A esto se suma la implementación progresiva de la jornada laboral de 42 horas, que pronto será una realidad para muchas PYMES del rubro.

Para algunos, estos cambios representan una presión adicional en un sector que históricamente ha operado con márgenes estrechos. Sin embargo, el mayor riesgo no está en los cambios, sino en enfrentarlos con las mismas lógicas del pasado.

Durante décadas, muchas panaderías respondieron a sus desafíos aumentando las horas de trabajo o sumando más personal. Ese modelo hoy muestra sus límites. Si seguimos enfrentando el alza de costos laborales de esa forma, solo perpetuaremos el problema.

El desafío actual es distinto: poner el foco en la productividad de la hora trabajada. Esto implica dejar de hablar solo de costos y comenzar a hablar de valor. Valor en la organización del trabajo, en la capacitación, en la planificación de procesos y en la reducción de pérdidas y tiempos muertos.

En la práctica, muchas mejoras no requieren grandes inversiones, sino decisiones estratégicas: estandarizar recetas, ordenar la producción, coordinar mejor con la venta o planificar con anticipación. Cuando estos elementos se gestionan adecuadamente, la productividad deja de depender de trabajar más horas y pasa a depender de trabajar mejor.

A esto se suma un factor clave: el capital humano. Hoy es cada vez más difícil atraer jóvenes al oficio. En cambio, cuando una panadería ofrece un entorno ordenado, respetuoso y con oportunidades de aprendizaje, aumenta la fidelización y la estabilidad de los equipos, un factor clave en un oficio artesanal.

La jornada de 42 horas puede ser, entonces, una oportunidad para mejorar procesos, fortalecer la capacitación y desarrollar mejores liderazgos.

Porque mejorar la productividad no significa perder la esencia del oficio, sino asegurar su futuro. El verdadero desafío no es solo adaptarse, sino generar más valor en cada hora de trabajo. Solo así la panadería chilena podrá seguir creciendo sin perder su identidad.

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