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Panadería Zunino y el oficio del pan bien hecho

Desde el reparto en triciclo hasta la consolidación de tres panaderías, Panadería Zunino construyó su camino entre madrugadas, disciplina y trabajo honesto. Una historia marcada por la tradición, la resiliencia y una mirada de gestión que busca profesionalizar el rubro panadero sin renunciar a su identidad ni al respeto por las personas.

Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG.

Panadería Zunino no nace desde una oficina ni desde el capital. Nace desde la calle, desde el trabajo físico y desde una convicción que se fue formando con los años. Así lo plantea Braulio Fernández cuando recorre la historia de la panadería. “Zunino nace de la necesidad y desde el trabajo duro. Venimos de una familia campesina, donde nada era fácil y todo se conseguía con esfuerzo. Llegar a Santiago con lo puesto, sin redes ni respaldo, obligó a trabajar honestamente y salir adelante”.

Antes de ser marca, fue oficio. Antes de ser empresa, era aprendizaje. “Se empezó repartiendo pan en triciclo, luego como repartidor en Panadería Pajaritos, más tarde como mayordomo. El oficio se aprendió desde abajo, mirando, preguntando y equivocándose”, dice. Esa experiencia fue clave para entender que el pan no es solo un producto de consumo diario. “En algún momento se entiende que el pan es alimento, es sustento para muchas familias, es tradición. Zunino nace como una apuesta personal, pero también como un sueño colectivo: crear una panadería donde el trabajo bien hecho, el respeto por las personas y la calidad fueran lo principal”.

El paso de trabajador a dueño marcó un quiebre profundo. “Independizarse no es sólo cambiar de rol, es cambiar de mentalidad”, afirma Braulio. La empresa creció en un contexto adverso, enfrentando falta de capital, jornadas extensas y una incertidumbre permanente. “Hubo momentos familiares y económicos muy complejos, donde parecía que todo se venía abajo, pero nunca se dejó de pagar sueldos ni de cumplir con la gente”, recuerda.

La expansión llegó con los años, sin atajos. Hoy Zunino opera junto a Panadería California y Sabropan, consolidando tres puntos de venta que responden a una misma lógica de trabajo. “Nada es casual. Es fruto de años de constancia, austeridad y reinversión. Nunca se apostó a un crecimiento irresponsable ni a endeudarse más de lo necesario”, explica.

En ese proceso, la incorporación de una nueva generación fue clave para ordenar la gestión. “Poder dividir roles permitió enfocarse mejor en la operación y el liderazgo en terreno, mientras la administración comienza a mirar el negocio con una perspectiva más estratégica”, señala.

Los valores, sin embargo, no se negociaron. “El trabajo honesto, la palabra y la resiliencia se han mantenido intactos. En Zunino siempre se ha creído que primero está la gente: clientes, trabajadores y proveedores. Nunca se ha crecido pasando por encima de otros”, enfatiza.

Esa mirada se refleja también en la relación con el gremio. “Somos parte activa de INDUPAN porque creemos en la asociatividad y en el aprendizaje colectivo. Venimos del gremio, conocemos las madrugadas, los márgenes ajustados y las dificultades reales que enfrenta una panadería día a día”, afirma Braulio. Desde ahí se construye una competencia distinta. “No creemos en competir para destruirnos. Creemos en competir para elevar el estándar del rubro”.

El reconocimiento ha llegado desde el oficio. “Participar en instancias como los concursos de la mejor marraqueta y posicionarnos dentro del Top 10 de la Región Metropolitana no es solo un logro comercial, es un reconocimiento al trabajo bien hecho”, sostiene.

La profesionalización del sector es, a su juicio, un desafío ineludible. “El rubro solo puede proyectarse si avanza en orden, cumplimiento normativo, capacitación y respeto por las personas. Nuestra experiencia demuestra que es posible crecer y cumplir la legislación laboral sin perder la identidad”, dice.

Zunino escucha desde el terreno. “La escucha es directa y permanente. Se conversa con otros panaderos, con maestros, con proveedores y con emprendedores que recién comienzan. Esa cercanía permite entender qué está funcionando y qué necesita cambiar”, explica.

Frente a un escenario de mayores costos, nuevas regulaciones y cambios tecnológicos, Braulio no dramatiza, pero tampoco minimiza. “El futuro del gremio será exigente. Quien no se adapte quedará atrás, pero quien entienda estos cambios como una oportunidad podrá fortalecerse. La panadería chilena tiene tradición, identidad y productos reconocidos; el desafío es combinar eso con gestión moderna”.

La innovación, en Zunino, avanza con cautela. “No se trata de cambiar el producto base, sino de mejorar procesos, ordenar la gestión y buscar eficiencia sin perder la esencia. En un rubro tan tradicional, los cambios se prueban, se evalúan y se implementan paso a paso”, afirma.

La propuesta comercial mantiene una línea clara. “Somos una panadería de barrio, con productos tradicionales y de calidad constante. No buscamos modas pasajeras. Nuestro valor está en hacer bien lo básico y sostener un estándar en el tiempo”, concluye.

Y al final, cuando se trata de definir qué es Zunino, la respuesta vuelve al origen: “Una panadería construida desde la tradición y el esfuerzo, que ha sabido ganarse la confianza de sus vecinos y clientes, avanzando con responsabilidad hacia la profesionalización sin perder su identidad ni el respeto por las personas”.

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