Por: Pablo Piwonka Carrasco, director de Revista panArte
La panadería chilena atraviesa días de recogimiento. En un corto período, el sector ha debido despedir a dos figuras que, desde espacios distintos, contribuyeron a fortalecer una de las industrias alimentarias más emblemáticas del país: José Yáñez Diéguez y Jorge Campodónico Contreras.
Ambos representaron miradas diferentes de un mismo oficio. Don Pepe, como era conocido José Yáñez en el mundo panadero, encarnó la tradición del horno de barro, la historia familiar y la memoria de un rubro construido con esfuerzo silencioso. Desde su recordada Panadería El Pueblo, en el tradicional sector del Barrio Franklin de Santiago, desarrolló durante décadas una vida ligada al trabajo, al servicio de su comunidad y al fortalecimiento del gremio.
Su vínculo con la industria no se limitó a su negocio. Durante cerca de cuarenta años integró el directorio de INDUPAN, convirtiéndose en uno de los dirigentes con mayor permanencia en la historia de la institución. Nunca buscó protagonismo ni cargos visibles; prefería el rol del consejero, del hombre que aporta desde la experiencia y la serenidad. Quienes compartieron con él recuerdan su profundo conocimiento del oficio y su convicción de que el pan es parte esencial de la vida cotidiana de Chile.
Si la figura de Yáñez representaba la tradición del oficio, la trayectoria de Jorge Campodónico reflejaba la mirada estratégica que hoy necesita el sector. Desde su rol en AB Mauri y su trabajo ligado a la histórica marca Collico, impulsó una visión orientada a modernizar la industria, fortalecer el acompañamiento técnico a los panaderos y avanzar hacia una panadería más eficiente, innovadora y profesional.
En diversas reflexiones compartidas con Revista PanArte, Campodónico insistía en que el futuro del sector no estaba únicamente en mantener el alto consumo de pan del país, sino en aumentar el valor de los productos, mejorar la calidad y entregar herramientas que permitieran a las panaderías crecer de manera sostenible.
La coincidencia de ambas trayectorias revela algo profundo sobre la historia de la panadería chilena. Este oficio se ha construido justamente sobre ese equilibrio entre tradición y transformación. Entre quienes han sostenido durante generaciones el pan de cada día desde el barrio y quienes trabajan por proyectar la industria hacia nuevos desafíos productivos, tecnológicos y comerciales.
Chile continúa siendo uno de los países con mayor consumo de pan del mundo, con cifras que superan ampliamente el promedio internacional. Esa realidad no es casual: el pan forma parte de la cultura, de la mesa familiar y de la identidad alimentaria del país.
Mantener viva esa tradición requerirá siempre de ambos espíritus: la memoria del oficio y la capacidad de innovar. La historia de José Yáñez Diéguez y la visión de Jorge Campodónico, cada uno desde su lugar, ayudaron a construir ese camino.
Hoy el gremio los recuerda con respeto y gratitud. Porque más allá de sus cargos o responsabilidades, ambos compartieron una misma convicción: que el pan, además de alimento, es comunidad, trabajo y cultura. Y ese legado seguirá presente cada día en las panaderías de Chile.

