Por: Sebastián Vega, desde Italia
A unos metros del célebre Ponte Vecchio, uno de los puentes de piedra, más antiguos de Europa, italianos y extranjeros disfrutan de algo extraordinario. Elegido por la guía gastronómica Taste Atlas como uno de los más icónicos del mundo, el helado de queso ricotta y pera de Gelatería La Carraia es una obra de arte a la altura de la hermosa Florencia, la ciudad que cobija a este pequeño negocio familiar fundado en 1990.
Luego de comprar este u otro sabor de textura inigualable, las personas cruzan la calle y, con el río Arno como telón de fondo y la omnipresente Catedral de Santa María del Fiore en el horizonte, celebran el gelato como una experiencia única, degustando su cremosidad y abundante porción sin prisa ni culpa, a la italiana.
Pero ¿qué hace este producto diferente a un helado normal? Diletta Poggiali, profesora de la Universidad del Helado Carpigiani, se lo explicó a National Geographic. “El gelato italiano contiene un máximo de 8% de grasa láctea, mientras en el helado se puede encontrar hasta un 15%”.
Asimismo, “como el gelato incorpora menos aire (el límite máximo es del 30%, frente al 80% del helado industrial con bomba de aire) también es más denso, por lo que cada bola contiene más intensidad de sabor”, aclaró en una entrevista a ese medio.
Lejos de tecnicismos, “La Ciudad de los Lirios” se ofrece como un referente al momento de producir calidad: además de La Carraia, tiene tres heladerías más entre las 25 mejores del ranking. Un lujo gastronómico en el capital de La Toscana, donde el Renacimiento elevó la belleza a otro nivel de la mano de los Medici.

La Dolce Vita
Emplazada en el nordeste de Italia, en la región de Emilia-Romaña, Rímini es un balneario de fama internacional, con 15 kilómetros de costa frente al mar Adriático. Cada año es sede del Salón Internacional de Heladería, Pastelería y Panificación Artesanal (SIGEP) y también es hogar de La Romana, gelatería que conquistó a Taste Atlas con su sabor Bacio di dama.
Este helado de crema de avellanas con almendras tostadas (bañadas en crema de avellanas con cacao) es insuperable en varios aspectos, partiendo por lo genuino de sus ingredientes, que incluyen huevos, leche ecológica, azúcar, nata fresca y otros insumos, además del uso exclusivo de la avellana Piamonte, una variedad fina, crujiente y ligeramente dulce.
Este gelato atrae con fuerza a locales y turistas, tal como lo hace el riminés más famoso de la historia: Federico Fellini, director de cine con cuatro premios Óscar a mejor película extranjera, cuyo museo está a pocas cuadras de La Romana. Ahí, en medio del imponente Castel Sismondo y la Piazza Malatesta, el creador de La Dolce Vita dio sus primeros pasos y, muy probablemente, se deleitó con un clásico helado artesanal, esos cuyo sabor es perseverante, se derrite velozmente en la lengua y nunca, nunca se olvida, como casi todo cuando hablamos de Italia.
Gelato entre torres medievales Ganadores de numerosos premios internacionales, Gelatería Dondoli es creación del maestro Sergio Dondoli, considerado uno de los diez Maestros Heladeros de Italia. Destaca por sus sabores experimentales, uso de ingredientes locales e innovación en sus recetas.

Para probar un gelato de esta famosa heladería visitamos San Gimignano, conocida como la “Manhattan medieval” por sus trece torres y espectacular arquitectura. Eso sí, antes de entrar al paraíso debes hacer fila: es tal su popularidad, que debes esperar tu turno pacientemente.
Pero vale la pena. Y no solo por la amplia variedad de combinaciones, como el Sangue di Bue (chocolate picante con guindas) o el Venere Nera (de moras y lavanda), sino porque el entorno es bellísimo. Así es la Toscana italiana, rica en todo sentido.

