Desde cupcakes Red Velvet en Estados Unidos, galletas especiadas alemanas y dulces tradicionales españoles, la panadería y repostería encuentran en el Día del Amor la oportunidad para transformar el afecto en regalos artesanales, personalizados y cargados de simbolismo.
Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG
Preparaciones con rojos intensos, formas de corazón y aromas que evocan cercanía, cada 14 de febrero, la panadería y la repostería asumen un rol protagónico en la celebración del Día del Amor, reinterpretando tradiciones y creando nuevos rituales donde el cariño se expresa a través de recetas, texturas y detalles hechos a mano.
Es por eso que en Revista PanArte queremos desglosar las preparaciones del orbe, que sin lugar a duda son y serán las protagonistas este 14 de febrero.
Por ejemplo, en Estados Unidos, los cupcakes, especialmente el clásico Red Velvet, se han convertido en un ícono de San Valentín. Gracias a su miga rojiza y frosting suave dialogan con la estética romántica de la fecha, acompañados de galletas artesanales decoradas con mensajes amorosos, pensadas como regalos personalizados más que como simples postres.
Para la jefa de la Escuela de Gastronomía, Hotelería y Turismo AIEP, Pía Barros, advierte que en el marco de la celebración del Día del Amor, el rol de la pastelería y panadería como vehículos de expresión emocional y cultural. No se trata solo de alimentos: son símbolos que hablan, conectan y celebran.
En Estados Unidos, el cupcake Red Velvet se ha consolidado como ícono de San Valentín. Según explica Pía Barros, su color rojo intenso, su estética romántica y su alta posibilidad de personalización “han permitido que este postre individual se transforme en un soporte emocional comestible, capaz de transmitir mensajes de afecto de manera directa y contemporánea”.
En Alemania, la tradición se inclina por el Lebkuchen, una galleta especiada de larga data que en esta fecha adopta forma de corazón y suele llevar frases grabadas. Más que un dulce, es un gesto simbólico que mezcla historia, lenguaje y repostería.
Respecto a Alemania, Barros señala que el Lebkuchen en forma de corazón “demuestra cómo la forma y el mensaje escrito resignifican una galleta tradicional. El glaseado deja de ser decorativo para transformarse en lenguaje, convirtiendo el producto en un gesto de amor explícito”.
España, en tanto, aporta una mirada distinta desde la sencillez y la tradición: las Yemas de Santa Teresa. Pequeñas, doradas y delicadas, estas preparaciones concentran el valor de lo artesanal y se han resignificado como obsequios que hablan de cuidado, tiempo y herencia gastronómica.
En el caso de España, las Yemas de Santa Teresa continúan vigentes como obsequio afectivo. Para la jefa de escuela de AIEP, “su fuerza radica en la tradición, la historia y la elaboración cuidadosa. Representan un tipo de amor asociado a lo simple, lo auténtico y lo hecho con dedicación”.
En Finlandia, el protagonismo lo toma el Mokkapalat, un bizcocho de chocolate de textura ligera, cercano a un brownie, que se adapta a la fecha con decoraciones especiales. Un ejemplo de cómo un postre cotidiano puede transformarse en un gesto festivo sin perder su identidad.
Sobre Finlandia, el Mokkapalat evidencia la capacidad de los postres cotidianos para adquirir nuevos significados sin perder identidad. “Es un dulce doméstico que, en fechas como San Valentín, se decora ligeramente, manteniendo su esencia. El valor afectivo está en la memoria y el vínculo, más que en la sofisticación técnica”, puntualiza Barros.
Más al este, Bulgaria mantiene una relación particular con la fecha. Tradicionalmente, el pan recién horneado —junto a preparaciones saladas— ha simbolizado fertilidad y comunidad, aunque hoy estas costumbres conviven con cenas románticas más contemporáneas.
En Bulgaria, el pan tradicional continúa simbolizando fertilidad y comunidad. Barros destaca que “estas tradiciones colectivas conviven hoy con la celebración romántica de San Valentín, demostrando que la cultura alimentaria no reemplaza significados, sino que los acumula y adapta”.
En Latinoamérica, la celebración se expresa a través de una amplia variedad de formatos: panettones, stollen, pasteles marmolados, bizcochos de chocolate, macarons, profiteroles y cajas de bombones, muchos de ellos intervenidos con formas de corazón, rellenos innovadores y paletas cromáticas que privilegian los tonos rojos y rosados.
“Corazones, tonos rojos y rosados, junto al dulzor característico de rellenos como chocolate y manjar, permiten articular un mensaje emocional compartido, independiente del producto específico”, agrega.
Más allá de las diferencias culturales, las tendencias actuales convergen en algunos puntos clave: la personalización como valor central, el chocolate como lenguaje universal del afecto —con versiones rellenas o sin azúcar— y una fuerte apuesta por lo artesanal y gourmet. El objetivo no es solo regalar un dulce, sino transmitir intención, dedicación y cercanía.
“En el Día del Amor, la pastelería y la panadería trascienden su dimensión culinaria. Los productos se convierten en símbolos, mensajes y experiencias que fortalecen lazos humanos, reafirmando el poder cultural de la mesa y del oficio gastronómico”, sentencia la jefa de AIEP.

