Por Verónica Ortega, psicóloga organizacional, y directora general de PANOVISIÓN coaching
La industria panadera chilena, una de las más antiguas y queridas por nuestra cultura, se encuentra en una encrucijada. A pesar de su enorme valor social, histórico y económico, el sector enfrenta hoy una amenaza silenciosa pero profunda: el envejecimiento de su fuerza laboral y la falta de recambio generacional.
Según datos recientes de Fechipan, entre un 25% y un 40% del personal necesario para el funcionamiento óptimo de las panaderías no está disponible. La mayoría de los trabajadores actuales supera los 50 años y cada vez son menos los jóvenes que deciden aprender el oficio del pan.
¿Las razones? Son muchas: condiciones laborales exigentes, poca visibilidad de oportunidades reales de desarrollo profesional y un desconocimiento generalizado sobre el valor que la panadería puede tener como proyecto de vida.
Desde PANOVISIÓN Otec creemos que este diagnóstico no puede simplemente lamentarse: debe enfrentarse con acciones concretas, estratégicas y basadas en evidencia. Por ello, impulsamos un modelo de transformación con sentido y propósito.
A través de alianzas con universidades y centros de formación técnica, buscamos construir un puente real entre el mundo académico y las empresas panaderas del país, para así atraer, formar y retener a nuevas generaciones con vocación, creatividad y talento.
Porque no se trata solo de enseñar a hacer pan, sino de convertir a este noble oficio en una alternativa profesional moderna, digna, y alineada con las expectativas de las juventudes de hoy: espacios de trabajo saludables, con sentido, posibilidades de innovación y equilibrio personal-laboral.
El futuro del pan también está en la tecnología, en la sustentabilidad, en el diseño de nuevos productos, empaques, procesos y formatos de venta. Y todo esto requiere una nueva mentalidad empresarial.
Nuestro programa RED PAN JOVEN CHILE nace con ese espíritu: renovar la mirada sobre el oficio del pan, reposicionarlo como una alternativa formativa viable, y sobre todo, encantar a los jóvenes para que vean en este rubro no un trabajo de paso, sino una verdadera vocación.
No podemos permitir que una tradición tan rica como la panadería quede atrapada en la nostalgia. Tenemos que hacerla avanzar, con respeto a sus raíces, pero con la vista puesta en el futuro. Y eso solo será posible si apostamos por el talento joven, si lo integramos, lo formamos y le damos el protagonismo que merece.
La panadería chilena tiene historia, tiene sabor y tiene alma. Ahora necesita, con urgencia, un nuevo rostro.

