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La urgencia de soluciones para una industria bajo presión

Por: Pablo Piwonka Carrasco, director Revista PanArte.

Cada invierno nos recuerda, con crudeza, que el clima no es solo una variable natural: es un factor económico, productivo y social. Las recientes heladas que han afectado extensas zonas agrícolas en Chile y países proveedores de trigo vuelven a tensionar una cadena que ya se encuentra debilitada. En el centro de esta escena está la industria del pan, un rubro que no solo alimenta a millones, sino que representa identidad, cultura y empleo.

Cuando el trigo escasea o se encarece, el efecto dominó es inmediato. Suben los precios de la harina, los proveedores medianos y pequeños enfrentan sobrecostos difíciles de absorber, y los consumidores reciben un pan más caro. En este escenario, muchas panaderías deben tomar decisiones difíciles: reducir márgenes, cambiar calidades o, en el peor de los casos, cerrar sus puertas.

Este no ha sido nuestra mirada como gremio, pero sabemos que en algún momento, el comportamiento del mercado puede cambiar, afectando íntegramente a los sectores menos acomodados que ven en el pan un producto vital para su consumo.

A esto se suma un dato preocupante: la superficie sembrada de trigo en Chile disminuye año a año, lo que reduce nuestra capacidad de producción nacional y nos vuelve cada vez más dependientes de un mercado internacional volátil y expuesto a crisis climáticas o geopolíticas.

Pero más allá del diagnóstico, urge avanzar hacia soluciones estructurales. Es momento de repensar el modelo de abastecimiento de materias primas estratégicas como el trigo.

¿Por qué no fomentar una política de reservas públicas o incentivos a la producción nacional? ¿Por qué no establecer mecanismos de compra asociativa que fortalezcan el poder de negociación de los pequeños panaderos ante grandes molinos y distribuidores?

El Estado, los gremios y el mundo académico tienen aquí una oportunidad de trabajo conjunto. La tecnología y la innovación también pueden jugar un rol decisivo: desde nuevas variedades de trigo más resistentes al clima, hasta sistemas de predicción agrícola que permitan anticipar eventos extremos y planificar con inteligencia.

La industria del pan no puede seguir reaccionando con precariedad a cada sacudida del mercado o del clima. Es necesario construir una red de proveedores resilientes, diversificada y justa, que asegure sostenibilidad para quienes producen, transforman y consumen. No se trata solo de mantener vivo un negocio; se trata de preservar un alimento esencial en la mesa de todos.

Hoy más que nunca, el desafío no es solo producir pan. Es hacerlo posible.

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