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Panadería Vicozo: “Hay que enamorarse del producto, de la masa, del proceso que tiene la marraqueta”

Este empresario, transformó la panadería familiar en un negocio que distribuye a 20 comunas de la RM, combinando procesos artesanales, tecnológicos y un modelo de reparto donde la flota se convierte en socios comerciales. 

Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG

Lo que comenzó como un pequeño negocio heredado de sus abuelos que llegaron como muchos del sur, hoy es una empresa que desafía los límites del pan corriente en Santiago. Marcelo Urrutia, dueño de Vicozo SpA, asumió la panadería hace 15 años, junto a su esposa Nicole Catalán y su cuñada Paulina Catalán, cuando su continuidad estaba en riesgo, y desde entonces ha buscado profesionalizar y modernizar cada etapa de la operación.

“Esto se iba a perder. Yo era joven, no tenía mucha dirección, pero era la oportunidad que me quedaba”, recuerda con una sonrisa un tanto nerviosa al rememorar esa historia de novela, que no tenía contemplado construir el rentable negocio de hoy. La panadería nació con su abuelo y pasó a su padre, y tras su fallecimiento quedó en manos de su madre. La producción diaria fluctúa entre 200 y 300 kilos, en condiciones que Marcelo califica como “no buenas”.

Y claro, como toda buena historia, enamorarse del pan, del proceso  y profesionalizar el oficio no es la panacea, pero sí el claro ejemplo de que con un trabajo honesto, donde los costos lo0s maneja de forma individual, se puede salir adelante; y esto, con algo que ellos connotan: “Con mucho amor”.

Marcelo se enamoró del pan, del proceso, de la marraqueta, de la masa y de la precisión que requiere la fermentación y la cocción. En Vicozo no dependen de un solo maestro panadero ya que el conocimiento se comparte y se transmite al equipo. “La masa tiene que tener amor. El maestro tiene que llegar con sus condiciones claras”, señala, y agrega que han sido muy selectivos con el personal: “No queremos gente que venga solo por el sueldo. Queremos que se enamoren del producto”.

Y al recorrer su planta en San Joaquín sin lugar a duda que eso ocurre. Instalaciones de primer nivel dan cuenta de un trabajo arduo, con hombres que piensan su producto y mujeres que han llegado a aportar no solamente de la producción sino que de la amabilidad que se respira. En total, son 15 las mujeres que trabajan en los turnos de Vicozo.

La familia también fue clave. Nicole, su esposa, y Paulina Catalán, su cuñada, son parte fundamental del equipo. Y la guinda de la torta -si se me permite la analogía pastelera – se relaciona con  el nombre Vicozo que surge de la combinación de los nombres de sus hijos: Vi (Vicente), Co (Colomba) y Zo (Zoe).

Crisis, aprendizaje y crecimiento gradual

Entre 2012 y 2013, la panadería atravesó su peor momento: perdieron activos y debieron repensar el negocio de forma temporal. Volvieron en 2014 con un enfoque más estructurado y en 2016 incorporaron su primera máquina industrial y así comenzaron a observar referentes del rubro para aprender estrategias de crecimiento y logística.

Hoy, Vicozo produce de manera continua, a diferencia de otras panaderías tradicionales que concentran la producción en bloques. “Tenemos que controlar pedidos que llegan hasta las 10 de la mañana para la producción de la tarde. La presión es permanente, pero siempre hay pan y eso lo hacemos extensible a los vecinos, quienes también pueden comprar su pancito a un valor muy por debajo del mercado”, afirma Marcelo.

Innovación en logística y modelo de revendedores

Una de las mayores innovaciones de Vicozo es la externalización de la logística. Marcelo diseñó un modelo donde los repartidores no solo entregan el pan, sino que se convierten en socios comerciales. “Les damos el pan a un precio y ellos se encargan de la logística y la venta. Pasan de ser trabajadores a ser sus propios jefes”, explica.

El sistema incluye charlas mensuales para evaluar el mercado, ajustes en precios y premios por desempeño. “Si superan la venta mensual, tienen un incentivo. Les damos facilidades para adquirir sus vehículos, financiamiento y respaldo que no encuentran en otras panaderías. Eso motiva a que busquen clientes y mantengan el negocio vivo”, agrega.

Este modelo, poco común en el rubro, permite a Vicozo competir con formalidad y eficiencia, acercando la panadería tradicional a procesos más organizados y formales. Un salto cuantitativo al proceso de mejoras continuas que tiene el rubro panificador y que los tiene con nuevos proyectos como una nueva planta en la misma comuna.

La historia personal detrás de Vicozo

Más allá de la panadería, Marcelo decidió abrir su historia para mostrar la persona detrás del negocio. “Era el momento de saber quién maneja Vicozo. Salir en las redes sociales y que la gente vea que detrás del nombre hay un equipo, una familia”, dice.

Agradece la colaboración de quienes lo apoyaron desde los inicios, como Molino San Cristóbal y proveedores históricos. “Se ha armado (sic)  un equipo de personas a las que les he tomado mucho cariño a través del tiempo, y también he cometido errores. Eso es parte del aprendizaje”, explica.

Y sobre los planes de expansión y proyección de cara a un 2026 que llegó para quedarse, Urrutia no escatima en su análisis que proyecta crecimiento en la elaboración de pan envasado, pastelería seca y otros productos de panadería, buscando mercados más formales donde las cobranzas y compromisos sean claros y sostenibles.

“El rubro es lindo, pero también es difícil. Queremos atacar mercados donde haya un compromiso real de pago y podamos proyectarnos con más tranquilidad”, comenta. 

Finalmente, Marcelo reflexiona sobre los sueños que aún le quedan: disfrutar más tiempo con su familia y mantener la pasión por la panadería sin sacrificar la vida personal. “Hoy estoy en paz conmigo mismo. La familia, la esposa, los hijos, todo lo que hemos construido… eso es lo más importante. La ambición empresarial se equilibra con la vida personal. El pan y la familia van de la mano”, concluye.

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