Por: César Novoa, administrador Panificadora San José, San Ramón, Región Metropolitana
Durante años, en la panadería artesanal hemos aprendido principalmente desde el hacer: producir bien, cumplir horarios y responder a la exigencia diaria que implica mantener viva una pyme. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre cómo están las personas que sostienen este oficio con su trabajo, esfuerzo y compromiso cotidiano.
Participar en el Curso de Técnicas de Prevención de Riesgos Psicosociales, gestionado por PANOVISIÓN Otec, marcó un antes y un después en mi forma de entender la gestión de personas. No porque antes no existiera preocupación por el equipo, sino porque esta instancia formativa permitió mirar el liderazgo desde una perspectiva más consciente, responsable y profundamente humana.
Antes de esta experiencia, muchas situaciones propias del rubro —el estrés, la presión productiva, los conflictos o el cansancio— se asumían como “parte del trabajo”. Gracias a los contenidos abordados en el curso, comprendí que normalizar estas prácticas no solo afecta a las personas, sino también al clima laboral, la productividad y la sostenibilidad del negocio en el tiempo.
El enfoque entregado por PANOVISIÓN Otec, cercano y adaptado a la realidad de las pymes, fue clave para entender que liderar una panadería va mucho más allá de organizar turnos o cumplir metas productivas. La jefatura tiene un impacto directo en el bienestar emocional del equipo y puede transformarse, de manera consciente o no, en un factor de protección o de riesgo. La forma en que comunicamos, damos instrucciones y enfrentamos los momentos de presión marca una diferencia real.
A partir de este aprendizaje, comenzamos a implementar cambios concretos en nuestra panadería: mejorar la comunicación interna, escuchar con mayor atención, clarificar roles y promover relaciones laborales basadas en el respeto. Son acciones simples, pero con un impacto profundo en el ambiente de trabajo y en el compromiso del equipo.
Hoy puedo afirmar que la prevención de los riesgos psicosociales no es solo una exigencia legal ni un concepto técnico. Tal como se trabajó en la capacitación, es una herramienta de gestión que fortalece tanto a las personas como al negocio. Un equipo que se siente valorado, escuchado y respetado trabaja mejor, se compromete más y permanece en el tiempo.
Como rubro, enfrentamos desafíos relevantes: escasez de mano de obra, altos costos laborales y la necesidad de atraer a nuevas generaciones al oficio panadero. En este contexto, iniciativas formativas como las que impulsa PANOVISIÓN Otec, en articulación con el gremio, adquieren un valor estratégico.
Destaco también el rol de INDUPAN A.G., a través de la reapertura de su Escuela de Panaderos, generando espacios de formación que hoy se concretan gracias a gestores técnicos que conocen la realidad del sector y traducen la normativa en herramientas aplicables al día a día.
Invito a mis pares, dueños y jefaturas, a mirar la gestión de personas con nuevos ojos. Cuidar la salud mental y el clima laboral no es un costo, es una inversión que protege el oficio y asegura la continuidad de nuestras panaderías. Porque si queremos panaderías que perduren en el tiempo, debemos comenzar por cuidar a quienes hacen posible que el pan llegue cada día a la mesa de Chile.

