Por: Pablo Piwonka Carrasco, Director de Indupan AG
En tiempos donde la alimentación se vuelve tendencia, discurso y, muchas veces, confusión, el pan resiste en silencio. Presente en la mesa de millones de chilenos, su aparente simpleza esconde una profundidad cultural que pocas veces se dimensiona. Por eso, la campaña #YoComoPan no solo irrumpe como una declaración, sino como un acto de reivindicación.
Porque hablar de pan en Chile no es hablar únicamente de nutrición. Es hablar de historia. De ese gesto cotidiano de compartir la once, de la marraqueta crujiente al amanecer, del pan amasado que reúne generaciones. Es, en esencia, un lenguaje común que atraviesa clases sociales, territorios y épocas.
Sin embargo, en los últimos años, este alimento esencial ha sido cuestionado desde miradas muchas veces reduccionistas. Se le ha instalado como enemigo, simplificando discusiones complejas sobre salud y alimentación. Frente a ello, #YoComoPan propone algo más sensato: volver a informarse, a entender el equilibrio y a dejar atrás los mitos que tanto daño hacen a la cultura alimentaria.
Pero esta campaña va aún más allá. Nos invita a mirar al pan como lo que realmente es: un símbolo vivo. Detrás de cada pieza hay un oficio que no se detiene, manos expertas que trabajan de madrugada, historias familiares que han resistido crisis económicas, cambios tecnológicos y transformaciones en el consumo. Elegir pan es también elegir sostener esa cadena invisible que conecta tradición y esfuerzo.
En ese contexto, iniciativas que destacan la calidad y el saber hacer —como la búsqueda de la mejor marraqueta— no solo celebran un producto, sino que reafirman una identidad. Porque el pan chileno no es cualquiera: es parte de un patrimonio cotidiano que se construye día a día.
Hoy, decir #YoComoPan es mucho más que una preferencia alimentaria. Es una toma de posición. Es reconocer el valor de lo simple, de lo cercano, de lo nuestro. Es entender que, en medio de la velocidad y la sobreinformación, volver a lo esencial también es una forma de proyectar futuro.
Porque el pan no necesita defenderse: necesita ser comprendido. Y, sobre todo, valorado como lo que siempre ha sido: un pilar de nuestra cultura.

