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Pedro Pascal, una empanada y el rincón chileno que conquistó Londres

En pleno Paddington, un rincón chileno ha conquistado paladares británicos sin alterar una pizca de su identidad. Harrison’s Coffee, el café que emocionó a Pedro Pascal con una empanada de pino, se ha convertido en un refugio gastronómico donde la marraqueta cruje como en casa y cada bocado cuenta una historia de porfía, memoria y amor por Chile.

Por: Comunicaciones Indupan AG

En un pequeño café del barrio de Paddington, al oeste de Londres, una escena insólita marcó un antes y un después para sus dueños. Frente a las cámaras de Snack Wars, Pedro Pascal —actor chileno, protagonista de The Mandalorian y estrella mundial del momento— mordió una empanada de pino, cerró los ojos y dijo con tono decidido: “Estas están buenas. ¿Dónde las consiguieron?”. Segundos después, abrazó la caja con ambos brazos y bromeó: “Me llevo esto. Que el siguiente lo dejen en mi habitación”.

Pascal no lo sabía, pero con ese gesto, tocó más que una empanada: tocó el corazón de Harrison’s Coffee, un restaurante chileno que desde 2017 ha hecho de la autenticidad su bandera en una ciudad donde la identidad muchas veces se diluye.

Harrison’s es el proyecto de vida de Pedro Harrison y Susana Mundaca, una pareja de santiaguinos que dejó atrás sus carreras de Derecho para apostarlo todo por una cocina con raíz. Recorrieron España, aprendieron de la hostelería en Newbury, y finalmente se instalaron en Londres con una idea simple pero audaz: mostrar Chile the Chilean way, sin fusión, sin maquillaje, sin concesiones.

Y ese “Chilean way” comienza con el pan. Porque en Harrison’s, la marraqueta no es un detalle decorativo ni un guiño nostálgico: es el pan de todos los días. Lo hornean allí mismo, con esa textura crujiente y la miga aireada que los chilenos saben reconocer incluso con los ojos cerrados. La sirven con palta, con huevos en paila, con pebre o como base de completos italianos que no piden permiso para ser lo que son.

Pero fue la empanada —esa pieza dorada de masa rellena con carne, cebolla, pasas, aceituna y huevo— la que terminó por hacer historia. “Nunca supimos que era para Pedro Pascal”, cuenta Susana. “Solo nos encargaron comida para una grabación. Lo hicimos como siempre: a mano, con cariño, sin saber quién la iba a probar.” El resto es historia viral.

El impacto fue inmediato. Filas en la puerta. Clientes pidiendo “la empanada de Pedro Pascal”. Mensajes desde Chile, Australia, Canadá. “No tenemos los medios para viajar, pero gracias por representarnos”, les escribió una familia desde La Serena. El orgullo nacional se horneaba, literalmente, en su cocina.

Y es que Harrison’s no es solo un lugar donde se sirve comida chilena. Es una especie de embajada emocional. Allí confluyen nietos de inmigrantes que nunca han pisado Chile, británicos que aprendieron a pedir “una de pino, por favor” con acento, y viajeros curiosos que descubren un país entero en una empanada.

Uno de sus clientes más fieles es un británico de más de 90 años que cada semana se sienta a comer como si volviera a su juventud. Un día mostró una vieja foto en sepia: él, con 20 años, recorriendo Chile en un auto prestado. “La empanada le supo a recuerdo”, dice Pedro Harrison, sin ocultar la emoción.

Y aunque el mundo los descubrió gracias a un clip de YouTube, lo cierto es que su éxito se forjó mucho antes, con madrugadas en la cocina y tardes escuchando historias de los clientes. En Harrison’s hay espacio para los bordados de los vecinos, para los vinos del Maule, para los cuadros de artistas emergentes, y también para el silencio de quienes entran con nostalgia.

Ahora, con una panadería recién inaugurada y sueños de llevar sus empanadas a otros rincones de Londres, Harrison’s quiere crecer sin perder el alma. “Nuestro mayor desafío ha sido mantenernos fieles a lo que somos”, dicen. En un mercado como el británico, donde la fusión es la norma, ellos han apostado por la autenticidad.

Y no están solos. Pedro Pascal, sin saberlo, hizo algo más que recomendar un bocado. Validó, con su paladar global y su raíz chilena intacta, que hay un valor en no negociar con la identidad. “Fue como una bendición”, confiesan los dueños. “Él es como el rey Midas, y nos tocó”.

En Harrison’s Coffee, cada empanada sigue saliendo igual que antes. Pero ahora, quienes la prueban saben que llevan más que carne y cebolla: llevan una historia de amor por Chile, por la comida bien hecha y por la porfía de creer que la tradición también puede ser noticia. Y si alguien pregunta si la marraqueta con palta tiene sentido en Londres, bastará con decir: pregúntenle a Pedro Pascal.

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