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La marraqueta como alimento saludable para nuestros niños

Por: Pablo Piwonka Carrasco, director Revista PanArte

Hoy, la alimentación infantil en Chile enfrenta un escenario complejo. Las colaciones escolares están dominadas por productos ultraprocesados, altos en azúcares, sodio y grasas, muchas veces elegidos por conveniencia, precio o falta de información. En ese contexto, resulta pertinente volver a mirar un alimento cotidiano, accesible y profundamente arraigado en nuestra cultura: la marraqueta.

Elaborada a partir de ingredientes básicos —harina, agua, levadura y sal—, la marraqueta es un pan sin azúcar añadida, bajo en grasas y con un aporte energético adecuado para niños en etapa escolar. Consumida en porciones correctas y acompañada de alimentos frescos como palta, tomate, huevo, quesillo o proteínas magras, puede transformarse en una colación equilibrada, fácil de preparar y económicamente accesible para miles de familias.

El problema no es el pan en sí, sino cómo se ha desplazado su consumo desde una alimentación cotidiana hacia un discurso que, muchas veces, lo asocia erróneamente a un alimento poco saludable. Esta percepción ha sido reforzada por la fuerte presencia de snacks industriales en el entorno escolar y por la falta de educación alimentaria clara y contextualizada.

En paralelo, el sector panadero chileno ha experimentado una transformación relevante. Panaderías asociadas a gremios y organizaciones han avanzado en mejoras concretas: reducción progresiva de sodio, mejor control de materias primas, incorporación de buenas prácticas de manufactura, capacitación permanente de sus equipos y participación en iniciativas de producción limpia. Estos avances permiten ofrecer hoy un producto más seguro, estandarizado y alineado con las exigencias actuales de salud pública.

El gremio panadero cumple, por tanto, un rol que va más allá de la producción. Es un actor estratégico en la alimentación diaria del país y, especialmente, en la infancia. Integrar la marraqueta como opción válida dentro de programas de colación escolar, promover su consumo responsable y educar sobre su correcto uso nutricional son acciones posibles y necesarias.

La propuesta es clara: revalorizar la marraqueta no como un símbolo nostálgico, sino como una herramienta concreta para mejorar la alimentación infantil. Esto requiere trabajo conjunto entre panaderos, autoridades, nutricionistas, establecimientos educacionales y familias. No se trata de volver al pasado, sino de poner en valor un alimento tradicional con estándares actuales y con foco en la salud de nuestros niños.

En un país donde los desafíos en obesidad infantil y malos hábitos alimentarios son urgentes, recuperar alimentos simples, locales y bien elaborados no es un retroceso. Es una decisión práctica, responsable y posible.

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