Indicadores Económicos: UF: $40.695,38 Dólar: $894,99 Euro: $1.039,72 UTM: $71.506 | UF: $40.695,38 Dólar: $894,99

Cómo Molino Linderos logró diversificar su negocio en medio de la transformación del mercado panadero

La compañía controlada por la familia Méndez avanza en nuevos mercados, fortalece su presencia en retail y plantas industriales, y proyecta inversiones en eficiencia energética en medio de una industria cada vez más concentrada y desafiante.

Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG

En la comuna de Buin, en un terreno de cerca de cuatro hectáreas que hace décadas estaba rodeado únicamente de campos, opera una de las empresas molineras tradicionales más relevantes del país. Allí, donde antiguamente existía un molino impulsado por agua proveniente de un canal de regadío, hoy funciona Molino Linderos, una firma familiar que ha transitado desde una estructura artesanal hacia una operación industrial con capacidad para moler 400 toneladas diarias.

La historia de la compañía se remonta incluso antes de 1900, cuando el sector era conocido como la “Chacra del Molino”. Sin embargo, el punto de inflexión ocurrió en 1958, cuando los hermanos Méndez —familia ligada históricamente al rubro panadero y propietaria de diversas panaderías en Santiago y Valparaíso— adquirieron la operación como parte de una reorganización empresarial.

“En ese tiempo el molino era completamente distinto. Un edificio de madera, con maquinaria también de madera y correas, movido por una turbina impulsada por agua ya que la energía eléctrica no tenía la capacidad suficiente para entregar al Molino, recuerda Ricardo González Méndez, gerente comercial de Molino Linderos y representante de la tercera generación familiar ligada a la compañía.

En 1965 se produjo una de las primeras grandes modernizaciones: se demolió la antigua estructura y se levantó el edificio actual, incorporando maquinaria italiana de la marca Ocrim. Décadas más tarde, entre los años 2000 y 2010, la empresa enfrentó un nuevo cambio generacional que trajo consigo una profunda reconversión tecnológica.

“Con la llegada de la tercera generación hubo cambios importantes. Se incorporan Andres Mendez y Ricardo Gonzalez y con esto una nueva renovación del equipamiento ahora pasamos a trabajar con tecnología Bühler, de origen suizo. Ahí el molino creció a cerca de 300 toneladas diarias y empezamos también a diversificarnos hacia otros mercados”, explica.

Hoy, la operación alcanza las 400 toneladas de molienda diaria y ha ampliado significativamente su portafolio. Si históricamente el foco estuvo en abastecer panaderías tradicionales, en los últimos años la empresa ingresó con fuerza al retail y a la industria alimentaria.

Actualmente, Molino Linderos participa en la fabricación de marcas propias para importantes cadenas supermercadistas y abastece a plantas industriales de pan, fábricas de pastas y productores de masas y empanadas. “Hoy estamos divididos prácticamente en tres grandes segmentos”, resume González Méndez.

Calidad como principal activo

En un mercado altamente competitivo y con márgenes cada vez más estrechos, el ejecutivo asegura que el principal factor diferenciador de la compañía sigue siendo la estabilidad y calidad de sus harinas.

“Nos dicen que somos los más caros, pero también los mejores”, comenta. La firma opera con un laboratorio compuesto por siete personas que monitorean muestras cada hora para garantizar consistencia en los productos. “Más allá de vender una buena harina, lo que entregamos es una harina estable durante todo el año”, afirma.

Parte importante de esa estrategia se sostiene en el uso de trigo importado. Según explica, cerca del 70% de las mezclas que utiliza la compañía provienen de mercados internacionales, mientras que algunas líneas específicas operan incluso con trigo 100% importado, lo que les permite alcanzar estándares técnicos demandados por clientes industriales y panaderías especializadas.

Entre los productos que han ganado reconocimiento destacan las harinas para pan francés, masa madre y bizcochería, segmentos donde —asegura— no todos los molinos tienen capacidad técnica para competir.

A ello se suma una estructura organizacional “plana”, que la compañía considera otro de sus activos estratégicos. “La distancia entre un cliente y el gerente general son dos pasos, no siete u ocho. Conocemos a prácticamente todos nuestros clientes y eso nos permite responder rápido y construir relaciones de largo plazo”, señala.

Un sector que se concentra y cambia

La evolución del negocio ocurre en medio de una industria que atraviesa un proceso de transformación estructural. González Méndez sostiene que el consumo per cápita de pan en Chile ha disminuido en los últimos años y que el crecimiento del sector molinero se ha vuelto cada vez más complejo.

“Hace décadas existían cerca de 150 molinos en Chile. Hoy quedan menos de 80”, afirma. A su juicio, el mercado cuenta con suficiente capacidad instalada, lo que implica que el crecimiento es muy difícil.

En ese escenario, una de las principales tendencias ha sido la proliferación de panaderías boutique y negocios especializados, especialmente después de la pandemia. Esto ha modificado la lógica comercial y operativa del sector.

“Antes un pedido pequeño eran 100 bolsas. Hoy un pedido grande puede ser eso”, comenta. Para responder a esa fragmentación, Molino Linderos desarrolló el programa “Harina a la Medida”, una plataforma orientada a panaderos especializados que buscan productos ajustados a necesidades específicas de fermentación, hidratación o procesos técnicos.

Según explica, el creciente nivel técnico de los panaderos ha elevado las exigencias hacia la industria molinera. “Hoy el cliente tiene mucho más conocimiento y necesita estándares exactos. Ya no depende de corregir manualmente una masa. La harina tiene que comportarse igual siempre”, sostiene.

Certificaciones, trazabilidad y eficiencia energética

Otro de los focos estratégicos de la empresa ha sido el fortalecimiento de sus procesos de calidad y trazabilidad. En 2009 implementaron HACCP, antes de que fuera una exigencia obligatoria para la industria, y actualmente operan bajo la certificación internacional 

FSSC 22000.

“Hoy podemos tomar un kilo de harina y rastrear exactamente en qué barco y en qué camión llegó el trigo utilizado para producirla”, explica González Méndez.

En paralelo, la compañía analiza proyectos vinculados a eficiencia energética y generación propia mediante paneles solares. Aunque descarta una autosuficiencia total debido al alto consumo eléctrico de la operación, reconoce que buscan avanzar en porcentajes parciales de autogeneración.

“Es una industria muy limpia. Aquí prácticamente no se desecha nada. Entran 100 kilos de trigo y salen 100 kilos de productos entre harina y subproductos”, afirma.

La defensa de la panadería tradicional

Pese a la diversificación hacia retail e industria, González Méndez sostiene que la compañía mantiene una mirada estratégica respecto al fortalecimiento de la panadería tradicional chilena y su representación gremial.

“La panadería tradicional enfrenta desafíos enormes: supermercados, competencia irregular y cambios de consumo. Nosotros creemos que es importante fortalecer al gremio porque mantiene ciertos equilibrios dentro del negocio”, señala el entrevistado.

En ese contexto, valoró el rol que actualmente ejerce el dirigente panadero Juan Mendiburu en la articulación del sector y reiteró la importancia de proteger símbolos culturales como la marraqueta. “Ojalá podamos declarar la marraqueta patrimonio. Sería el primero en anotarme para apoyar eso”, concluye.

Share the Post:

Post Relacionados