Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG.
La Navidad en Chile ya no sabe igual que hace una década. En pleno verano austral, cuando las altas temperaturas marcan las celebraciones de fin de año, la coctelería nacional experimenta una transformación profunda: más fresca, más local y más conectada con los ingredientes que definen el territorio. Así lo afirman dos voces clave del rubro: Camila Chacana Carvajal, enóloga y Directora de The Wine School Latam, y Nadin Elías, Directora Académica de Bar Academy Santiago, quienes coinciden en que el país atraviesa un momento de revalorización de su identidad líquida.
Para Chacana, la clave está en mirar lo que la tierra ofrece en diciembre. “Nuestra Navidad y Año Nuevo se viven en pleno verano, lo que automáticamente exige un cambio de enfoque”, afirma. En ese sentido, explica que el país ya no replica recetas invernales del hemisferio norte, sino que potencia la frescura: bebidas ligeras, hidratantes, con frutos en plena temporada y destilados locales que capturan el espíritu del paisaje chileno. “Los frutos rojos, la menta, la murtilla o el maqui están en su mejor momento. Aportan acidez vibrante, color intenso y una frescura que dialoga perfecto con destilados como el pisco, el aguardiente y el gin”, sostiene.
La enóloga destaca que el pisco, especialmente, actúa como base aromática ideal para reinterpretar clásicos festivos. “Sus notas a uva, flores y cítricos lo vuelven el lienzo perfecto para integrar hierbas chilenas como la rica-rica o el boldo. Es una coctelería festiva, pero profundamente arraigada al territorio”, comenta.
En esa misma línea, Nadin Elías enfatiza que la diversidad agrícola y botánica del país permite crear cócteles navideños que no dependen de ingredientes importados ni de preparaciones pesadas. “Chile tiene frutos del bosque del sur, hierbas andinas, cítricos del valle central y destilados que ya son patrimonio cultural. La identidad chilena permite reinterpretar la Navidad desde un enfoque fresco, visual y contemporáneo”, afirma.
Elías subraya productos esenciales que ya son protagonistas de la temporada: pisco, frambuesas y maqui, limón sutil, murta, rica-rica y espumantes locales. “Son ingredientes que equilibran dulzor, acidez y aroma, y que entregan un toque festivo natural. No es necesario recurrir a mezclas pesadas o especias dominantes: el color y el sabor de nuestros propios frutos ya transmiten celebración”.
Ambas especialistas coinciden en que los consumidores chilenos están viviendo un proceso acelerado de redescubrimiento del gusto local. Chacana observa un movimiento claro hacia la calidad, la creatividad y la moderación. Cócteles más livianos, bebidas con bajo grado alcohólico, spritz con espumantes nacionales, preparaciones sin alcohol elaboradas con jarabes de frutos nativos, bitters artesanales y destilados regionales forman parte del nuevo repertorio navideño. “Hay una búsqueda de sentido. Los chilenos quieren consumir productos que conecten con una historia y un territorio”, asegura.
Las tendencias también apuntan a una modernización de clásicos. Desde el Cola de Mono elaborado con piscos premium y especias tostadas a mano, hasta ponches estivales con berries, espumantes infusionados con maqui, o Negronis hechos con vermuts nacionales y hierbas de altura. “La clave es conservar la estructura aromática de un cóctel navideño —especias, dulzor, profundidad— pero reinterpretarla con ingredientes veraniegos y frescos”, explica Elías.
El auge de la coctelería low ABV, la incorporación de técnicas contemporáneas como clarificaciones, fermentaciones y espumas, y el interés por una coctelería sostenible —que aprovecha frutas de estación y reduce desperdicios— también marcan la temporada 2025–2026. A ello se suma el crecimiento de la coctelería con café, tendencia global que en Chile encuentra un espacio natural dentro de las celebraciones.
Ambas expertas concuerdan en que, detrás de cada cóctel navideño reinterpretado, hay algo más profundo que una receta. “Es un gesto cultural y emocional”, dice Elías. “Cuando un cóctel incorpora ingredientes locales, conecta al consumidor con su origen, con sabores de su infancia o de su región”. Para Chacana, la coctelería navideña chilena no solo refresca: también narra un territorio. “Es una forma de honrar el lugar donde celebramos la fiesta”.
En un país donde el verano define diciembre, la barra chilena se reinventa, y lo hace mirando hacia adentro: hacia el fruto, la hierba, la montaña, el valle y el desierto. Hacia un territorio que, cada año, se sirve en copa.

