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Una nueva hornada de futuro para la panadería y pastelería chilena

Por: Pablo Piwonka Carrasco, director Revista PanArte.

La participación de Chile en la Feria Internacional Fipan 2025, celebrada en São Paulo, no solo nos posiciona en el mapa global de la panadería y pastelería, sino que también abre una ventana hacia el porvenir, prospero y abundante, de nuestro rubro: uno donde tradición, formación y modernización caminan de la mano.

Nuestros representantes, jóvenes talentosos como Emiliano Lagos, Diego Paredes y Catalina Cabrera, no solo llevaran su técnica y creatividad a competir internacionalmente, sino que también simbolizan una promesa, la de una nueva generación que ama el oficio, lo estudia con rigor y lo proyecta con visión. 

En ellos vemos reflejado el resultado de años de esfuerzo gremial, educativo y empresarial por profesionalizar un arte muchas veces valorado hacia profesionales internacionales, pero esencial en nuestra identidad cultural y alimentaria.

Hoy, la panadería y pastelería chilena enfrenta desafíos estructurales. La escasez de mano de obra especializada, las exigencias de sostenibilidad y el cambiante comportamiento del consumidor nos obligan a repensar el oficio más allá del amasado.

Requiere innovación, formación continua, visión empresarial y, por sobre todo, colaboración entre actores del ecosistema. No basta con hacer buen pan, necesitamos contar historias con él, incorporar tecnología, trabajar con ingredientes locales de forma creativa y proyectar nuestras marcas hacia un mundo cada vez más competitivo.

Pero el futuro también está lleno de oportunidades. El creciente interés por productos artesanales, saludables, de origen trazable y con narrativa territorial representa una ventaja comparativa para Chile. Nuestro pan no solo alimenta: cuenta historias. Y esas historias, si se cuentan bien, pueden cruzar fronteras.

Es el momento de fortalecer aún más la formación técnica, apoyar las escuelas especializadas, vincular al mundo académico con el empresarial y hacer de la panadería y pastelería un motor de orgullo nacional. Eventos como Fipan nos muestran el camino: no solo hay espacio para nosotros allá afuera, hay hambre de lo que podemos ofrecer.

Como gremio, como industria y como comunidad, debemos asumir este nuevo ciclo con responsabilidad, pero también con entusiasmo. El horno ya está encendido. Ahora nos toca fermentar ideas, compartir saberes y hornear juntos un futuro digno, sabroso y con sello chileno.

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