El ejecutivo redefine el rol de la empresa en la industria panadera chilena: pasar de proveedor de maquinaria a socio estratégico integral.
Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG
Automatización, servicio técnico propio, adaptación tecnológica local y formación especializada son parte de una apuesta que busca anticipar el nuevo ciclo del rubro de la mano de Maquipan y la dirección de Pietro Gattavara, gerente general de la firma, quien sabe que la industria panadera chilena no está en crisis, pero sí en transición.
Cambian las reglas laborales, suben los costos energéticos, se ajustan las exigencias regulatorias y el consumidor se vuelve más sofisticado. En ese escenario, la pregunta ya no es qué horno comprar, sino cómo sostener un negocio en el tiempo.
Para Gattavara, quien se ha desempeñado los últimos 15 años en la industria gastronómica, viendo panadería, heladería, restaurante, gastronomía en general, trabajando en negocios mineros, en supermercados, y ex ejecutivo de Marsol, que es del mismo grupo que absorbió Maquipán hace cuatro años, el error está en reducir la conversación a equipamiento.
“La innovación no solo tiene que ver con traer equipos nuevos. Tiene que ver con cambiar el andar, mover piezas y hacer que las cosas funcionen distinto. Si no cumples la promesa productiva, la máquina no sirve de nada”, señala el ejecutivo

La frase no es retórica sino que es claramente un marco estratégico, esto porque la empresa piensa no solamente como un importador de equipamiento para el sector panadero, pastelero o pizzero, sino que en un integrador entre ellos y sus clientes.
Maquipán, con más de cinco décadas en el mercado chileno, fue históricamente reconocida como proveedor de maquinaria para panadería y gastronomía, pero bajo el liderazgo de Gattavara, la compañía está redefiniendo su posicionamiento. “Las máquinas las puede traer cualquiera. La diferencia está en todo lo que pasa después de la venta”.
Ese “después” es lo que el ejecutivo llama servicio 360: instalación propia, capacitación, ajuste de parámetros productivos, financiamiento, disponibilidad de repuestos y acompañamiento técnico continuo.
La lógica es simple: en una panadería, un día detenido no es un problema técnico, es una pérdida directa de ingresos y reputación. Por eso la empresa mantiene una bodega de repuestos valorizada en más de mil millones de pesos y un equipo técnico que opera a nivel nacional. “No somos one-timers. No vendemos y nos olvidamos. Nuestro propósito es que el cliente crezca”.

Automatización como respuesta estructural
La reducción de jornada laboral y el aumento sostenido de costos obligan a repensar procesos. Gattavara lo plantea sin ambigüedades: “Creo que el gran salto de la industria va a ser la automatización de procesos”.
Pero no habla de reemplazar oficio, sino de estandarizar tareas críticas para liberar capacidad productiva. Líneas automatizadas para hallullas y marraquetas, marmitas con revolvedor automático que aseguran consistencia en rellenos, hornos combinados de alta eficiencia energética y equipos que reducen tiempos de cocción en punto de venta son parte de la transformación que proyecta.
“El panadero ya no puede depender solo de mano de obra intensiva. Necesita eficiencia y previsibilidad”, señala el ejecutivo dando pie a que la automatización no es lujo, es estrategia de supervivencia.

Adaptar tecnología a la realidad chilena
Un punto central en la visión de Gattavara es la adaptación local. “La masa chilena es dura, poco hidratada. Muchas máquinas estándar no funcionan igual acá”.
La empresa ha trabajado con fabricantes internacionales para ajustar especificaciones técnicas a la materia prima y prácticas productivas nacionales. No se trata solo de importar; se trata de interpretar el mercado.
Ese enfoque se replica en la segmentación comercial: canal tradicional, grandes cuentas industriales y emprendimiento. Cada uno con necesidades distintas de escala, financiamiento y soporte.
En el segmento emprendedor, Maquipán ha desarrollado un canal digital especializado y programas formativos a través de Escuela Arte Bianca, buscando que quienes inician pequeños puedan escalar en el tiempo. “Decir ‘emprende’ no basta. Hay que enseñar a producir bien y a proyectarse”, remarca el ejecutivo.

Anticipar la regulación y la eficiencia energética
Otro eje estratégico es la sostenibilidad operativa. Gattavara advierte que la eficiencia energética no es una tendencia, sino una inevitabilidad regulatoria. “Va a llegar un minuto en que ciertos equipos no estarán permitidos. Hay que anticiparse”, comenta.
La transición hacia hornos combinados, equipos eléctricos optimizados y sistemas con menor pérdida térmica forma parte de una lectura de mediano plazo. Ya que, quien no invierta hoy en eficiencia, pagará mañana en costos o restricciones normativas.

Un nuevo tipo de panadero
Para el ejecutivo, el perfil del panadero chileno también evolucionó. Y esto queda demostrado no solamente en los requerimientos que el rubro hace a Maquipan, sino que en la manera como la firma piensa y trabaja con sus cluster. “Ya no solo hace pan. Está entrando en pastelería, bollería, empanadas, incluso heladería. Está pensando en su mix y en su margen”.
Para el ejecutivo, el negocio dejó de ser exclusivamente producción; ahora integra logística, punto de venta ágil y diversificación de oferta. En ese proceso, justo ahí es donde Maquipán busca posicionarse como articulador integral. “No vendemos máquinas para ganar plata y pasar al siguiente cliente. Vendemos máquinas para que los clientes crezcan. Si ellos crecen, nosotros crecemos”.

Liderazgo con oficio
Gattavara no proviene únicamente del mundo comercial; su trayectoria incluye distintas áreas de la industria gastronómica. Esa mirada transversal le permite leer la panadería como sistema, no como catálogo. “Nosotros somos panaderos. Tenemos el oficio. Respiramos pan”.
La frase sintetiza el posicionamiento que impulsa su liderazgo en el actual 2026 de Maquipan, donde la tecnología sí es parte de la nueva mirada, pero con comprensión profunda del proceso productivo.
En un mercado donde abundan importadores ocasionales, la apuesta es construir permanencia y en esa lógica, la innovación deja de ser acero nuevo, muy por el contrario, ese material se transforma en algo más exigente, ligado a cumplir la promesa productiva todos los días, porque el cliente quiere pan de calidad, todos los días.

