Por: Pablo Piwonka Carrasco, Director de Indupan AG
La reciente controversia surgida en Bolivia sobre el origen de la marraqueta vuelve a poner en el centro del debate un producto que trasciende lo gastronómico. Más que discutir dónde nació este pan, el desafío de nuestro gremio es reconocer y proteger una tradición que forma parte de su identidad cultural desde hace generaciones.
La polémica comenzó cuando representantes del rubro panadero en Bolivia sostuvieron públicamente que la marraqueta tendría origen boliviano, afirmación que rápidamente fue replicada por diversos medios de comunicación. Como suele ocurrir en este tipo de debates, las posiciones se polarizaron entre quienes defendieron la tesis histórica y quienes reivindicaron el profundo arraigo que este pan tiene en Chile.
Lo cierto es que la historia de muchos alimentos tradicionales es compleja. Recetas, técnicas y preparaciones han cruzado fronteras durante siglos, adaptándose a las costumbres de cada territorio. Sin embargo, el patrimonio gastronómico no se define únicamente por el lugar donde una receta pudo haber surgido, sino también por la relación que una comunidad construye con ella a lo largo del tiempo.
En ese aspecto, pocos productos representan mejor a Chile que la marraqueta. Es el pan más consumido del país, está presente diariamente en millones de hogares y constituye un elemento inseparable de la cultura alimentaria nacional. Desayunos, almuerzos, la tradicional once o un simple sándwich tienen como protagonista a este pan de corteza crujiente y miga liviana, elaborado cada madrugada por miles de panaderos a lo largo del territorio.
Esa relevancia ha llevado a que desde hace varios años la Asociación Gremial de Industriales del Pan de Santiago (INDUPAN AG), junto con la Federación Chilena de Industriales Panaderos (FECHIPAN), impulsen un trabajo sistemático para lograr que la marraqueta sea reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de Chile. La iniciativa ha contemplado la recopilación de antecedentes históricos, investigaciones sobre su desarrollo en el país, actividades de difusión y la promoción permanente del valor cultural de este producto.
Dentro de ese esfuerzo destaca el concurso “La Mejor Marraqueta”, organizado por INDUPAN AG desde hace más de quince años. Esta competencia no solo premia la excelencia técnica de las panaderías participantes, sino que pone en valor un oficio que constituye parte esencial del patrimonio gastronómico chileno y que ha sido transmitido de generación en generación.
Experiencias internacionales demuestran que la protección patrimonial de un alimento no busca negar las influencias históricas que pudieron existir, sino resguardar el conocimiento, las técnicas y las tradiciones desarrolladas por una comunidad. Casos como la pizza napolitana en Italia, el kimchi en Corea del Sur o la gastronomía tradicional mexicana muestran que el patrimonio alimentario está vinculado, sobre todo, a las personas que mantienen viva esa cultura.
Más que responder a cada controversia que surja fuera de nuestras fronteras, Chile tiene hoy la oportunidad de avanzar con decisión en el reconocimiento oficial de la marraqueta como parte de su patrimonio cultural. Porque el patrimonio no solo se hereda; también se cuida, se promueve y se defiende con acciones concretas.

