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Umberto Prosperi: el italiano que llegó a Chile para cambiar la forma de tomar café

En 2010 detectó un mercado estable, con espacio para crecer y consumidores dispuestos a sofisticar sus hábitos. Quince años después, el fundador de Café d’Italia sostiene que el mayor cambio no ha sido tecnológico, sino cultural: pasar del café instantáneo a comprender el valor de un verdadero espresso.

Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG

Cuando Umberto Prosperi comenzó a viajar a Chile, todavía no imaginaba que terminaría instalando aquí una empresa. Por entonces, entre 2008 y 2010, sus visitas tenían otro propósito. Viajaba cada tres o cuatro meses por motivos comerciales, evaluando distintos negocios mientras recorría un país que, desde su perspectiva, mostraba señales poco habituales dentro de la región: estabilidad económica, crecimiento sostenido y una clase media que comenzaba a ampliar sus patrones de consumo.

Fue durante esos viajes cuando apareció una pregunta que cambiaría el rumbo de su carrera. ¿Era Chile un mercado preparado para desarrollar una verdadera cultura del espresso? Antes de invertir, Prosperi decidió hacer lo que, asegura, cualquier empresario debería realizar antes de abrir una operación en un nuevo país: estudiar el mercado.

Analizó indicadores económicos, revisó cifras de crecimiento y observó la evolución del consumo de café. El escenario que encontró resultó alentador. En 2010, Chile exhibía un crecimiento cercano al 5% y un entorno de negocios que ofrecía condiciones para introducir productos de mayor valor agregado. “El café todavía era un mercado nuevo, pero justamente por eso tenía un enorme potencial de desarrollo”, recuerda.

La conclusión fue compartida con Roberto Blanquini, propietario de Café d’Italia en Italia. Ambos coincidieron en que el desafío no consistía simplemente en importar una marca italiana, sino en impulsar un cambio cultural. “No vine para que el chileno tomara un buen café. Vine para que aprendiera a tomar un espresso”, afirma Prosperi.

La diferencia no es semántica

Mientras el café puede entenderse como una bebida cotidiana, el espresso representa una técnica, una tradición y una forma específica de preparar el producto, donde intervienen variables como la molienda, la presión, la temperatura del agua y el tiempo exacto de extracción. Con esa convicción nació Café d’Italia en Chile en 2011.

Desde entonces, la empresa ha buscado diferenciarse no solo por el origen italiano de sus mezclas, sino también por la innovación tecnológica. Entre sus principales desarrollos destaca una cápsula cuadrada patentada internacionalmente, un formato exclusivo que, según explica Prosperi, optimiza la extracción del café y que permanecerá protegido por patente hasta 2032.

“La forma no responde a un diseño estético. Tiene una función técnica que mejora el comportamiento del agua durante la extracción y permite obtener un espresso más consistente”, explica. Hoy, el catálogo incorpora una veintena de variedades y la compañía mantiene su foco en el canal Horeca —hoteles, restaurantes y cafeterías—, convencida de que son esos espacios los que mejor contribuyen a formar consumidores cada vez más exigentes.

Quince años observando cómo Chile aprendió a tomar café

Después de su llegada, Prosperi observa un cambio evidente. “Hoy el chileno pregunta por el origen del café, distingue un espresso de un café filtrado y entiende que detrás de una buena taza existe conocimiento. Esa evolución era precisamente lo que esperábamos cuando decidimos apostar por Chile.”

Uno de los activos que distingue a Café d’Italia es una innovación que, hasta hoy, sigue siendo exclusiva de la marca. Se trata de una cápsula cuadrada, desarrollada por la casa matriz italiana y protegida por patente internacional hasta 2032, un formato que no solo responde a un diseño diferente, sino también a una lógica técnica y medioambiental.

“La cápsula es patentada porque tiene una forma particular. Además es compostable y fue diseñada pensando en el medioambiente”, explica Prosperi mientras muestra una de las primeras máquinas desarrolladas por la compañía en Italia, un equipo que todavía conserva en sus oficinas como parte de la historia de la marca.

El sistema funciona exclusivamente con las máquinas de Café d’Italia y forma parte de una estrategia que, desde sus inicios, buscó diferenciarse por innovación antes que por volumen. Sin embargo, para Prosperi la verdadera transformación que ha experimentado Chile durante los últimos quince años no está en la tecnología.

Está en las personas.

Cuando abrió las operaciones de Café d’Italia en 2011, hablar de espresso todavía era un concepto reservado para un grupo reducido de consumidores. “En esa época mencionar un espresso era bastante más complejo. Existía poco conocimiento y el mercado recién comenzaba”, recuerda.

Desde entonces, asegura, el escenario cambió de manera profunda. La aparición de cafeterías de especialidad, los nuevos tostadores nacionales y el interés por conocer el origen del grano han contribuido a formar consumidores mucho más informados que hace una década. “Hoy existe mucha más cultura del café. Hay gente que tuesta su propio café, que conoce los procesos y que entiende mucho más del producto.”

Aun así, considera que el mercado chileno todavía tiene un amplio camino por recorrer.

Su diagnóstico no apunta a la cantidad de cafeterías ni a la calidad del grano, sino a la correcta preparación del espresso. “Si una persona me pide un café, puede recibir cualquier tipo de café. Pero si me pide un espresso, tiene que recibir un espresso. Esa diferencia todavía no siempre se entiende.”

Una cultura que todavía está en formación

Prosperi observa con atención el auge de grandes cadenas internacionales y reconoce que han contribuido a acercar el café a nuevos públicos. Sin embargo, distingue claramente entre popularizar el consumo y educar el paladar. “Muchas veces las personas siguen una moda antes que un sabor”, afirma.

Prosperi evita caer en triunfalismos y reconoce que el mercado ha cambiado de manera significativa desde que comenzó sus operaciones en 2011. La aparición de cafeterías de especialidad, tostadores independientes y consumidores cada vez más interesados en conocer el origen del grano han contribuido a instalar una verdadera cultura del café.

Sin embargo, insiste en que todavía existe una diferencia importante entre consumir café y comprender lo que significa un espresso. “Nadie tiene la verdad absoluta sobre el café”, aclara de entrada. “Pero cuando una persona pide un espresso, debe recibir un espresso.”

La definición parece sencilla, aunque detrás de ella existe toda una filosofía. Para Prosperi, un espresso no puede ser ácido en exceso ni excesivamente amargo. Debe presentar una crema fina, cuerpo equilibrado y una extracción que permita expresar los aromas propios del café.

“Cuando uno toma una taza pequeña de espresso tiene que encontrar una crema uniforme, una textura agradable y un sabor que permanezca en el paladar. Ese es el producto que nosotros buscamos.”

A su juicio, el principal desafío ya no está en importar buenos cafés, sino en formar mejores profesionales capaces de prepararlos correctamente. Y allí aparece una crítica que repite varias veces durante la conversación.  “No siempre es un problema de la marca. Muchas veces el problema es quien prepara el café.”

El empresario sostiene que la creciente demanda por baristas ha generado una formación demasiado acelerada para un oficio que requiere experiencia. “Un barista no se forma en un mes”, afirma.

Food & Service como vitrina estratégica

Si existe un espacio donde Prosperi considera indispensable estar presente, ese es Espacio Food & Service. No habla de la feria como una oportunidad puntual de ventas.

La entiende como una plataforma de posicionamiento. “He participado en ferias durante más de treinta años”, comenta. “Siempre digo lo mismo: si estás, la gente te ve; si no estás, simplemente no existes.”

La relación entre Café d’Italia y Food & Service comenzó prácticamente desde los primeros años del evento. La empresa ha participado de manera ininterrumpida desde sus primeras ediciones, una trayectoria que incluso le valió un reconocimiento especial por su permanencia. Sin embargo, reconoce que el perfil de la feria ha ido cambiando.

“Hoy tiene una orientación mucho más comercial y aparecen muchos negocios ligados al retail. Nuestro foco sigue siendo el canal Horeca.”

Ese segmento —hoteles, restaurantes y cafeterías— continúa siendo el corazón del negocio. Aunque la empresa comercializa máquinas para hogares y oficinas, Prosperi reconoce que el verdadero volumen se encuentra en los clientes profesionales “En una casa una familia puede comprar café cada cuatro o seis meses. Con eso no vive una empresa.”

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