Hablar de suicidio en el lugar de trabajo sigue siendo difícil. Sin embargo, precisamente por la complejidad del tema, su prevención debe formar parte de la gestión permanente de la salud y seguridad de las personas trabajadoras.
En Chile, este desafío adquirió una dimensión concreta con la Circular N.° 3873 de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), emitida el 6 de agosto de 2025 y vigente desde el 1 de diciembre de ese año. La normativa incorpora disposiciones destinadas a contribuir a disminuir el riesgo de suicidio en el lugar de trabajo, en el marco preventivo de la Ley N.° 16.744.
Pero más allá del cumplimiento normativo, existe una pregunta que toda organización debiera hacerse: ¿qué estamos haciendo para que una persona que atraviesa una situación compleja pueda pedir ayuda antes de llegar a una situación límite?
La respuesta requiere una mirada integral. Implica gestionar los riesgos psicosociales, promover ambientes laborales respetuosos, prevenir la violencia y el acoso, fortalecer la comunicación y generar condiciones donde hablar de salud mental no sea motivo de vergüenza o temor.
También exige preparar a quienes tienen responsabilidades de liderazgo. Jefaturas y supervisores no deben convertirse en terapeutas ni realizar diagnósticos, pero sí necesitan herramientas para reconocer señales de alerta, escuchar, orientar y activar oportunamente los canales de apoyo disponibles.
La información cumple un papel fundamental. Los trabajadores deben conocer dónde y cómo solicitar ayuda, mientras que las empresas deben mantener canales de orientación accesibles y difundirlos de manera permanente. En este ámbito, los organismos administradores de la Ley N.° 16.744, como las mutualidades y el Instituto de Seguridad Laboral, pueden entregar asistencia técnica para fortalecer las estrategias preventivas.
La prevención tampoco puede reducirse a un protocolo guardado en una carpeta. Debe traducirse en acciones concretas: evaluación de riesgos psicosociales, capacitación, comunicación, prevención de la violencia y el acoso, mecanismos de actuación frente a crisis y seguimiento de las medidas implementadas.
Existe, además, una responsabilidad frente a los eventos traumáticos. Cuando ocurre un suicidio o una situación relacionada en el lugar de trabajo, la organización debe actuar oportunamente para resguardar a quienes se ven afectados y facilitar el acceso al apoyo psicológico correspondiente.
En definitiva, la salud mental no puede ser entendida como un aspecto secundario de la seguridad laboral. Así como una empresa identifica riesgos físicos para prevenir accidentes, también debe reconocer aquellas condiciones que pueden afectar el bienestar psicológico de sus trabajadores.
Prevenir significa construir una cultura donde pedir ayuda sea entendido como un acto de responsabilidad y no como una señal de debilidad. Una organización verdaderamente preventiva no espera a que ocurra una tragedia para preguntarse qué pudo haber hecho. Empieza antes.

