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La marraqueta también tiene un lugar en una dieta equilibrada

Por: Vanessa Cisternas, nutricionista, área de calidad de Indupan A.G.

La marraqueta es mucho más que una tradición de la mesa chilena. Es uno de los panes más consumidos del país y, aunque suele quedar bajo sospecha cuando se habla de alimentación saludable, lo cierto es que puede formar parte de una dieta equilibrada. La clave no está en demonizar el pan, sino en comprender su aporte nutricional, cuidar las porciones y prestar atención a los alimentos con los que lo acompañamos.

Uno de sus principales atributos está en su composición. La marraqueta tradicional se elabora con cuatro ingredientes básicos: harina de trigo, agua, levadura y sal. No necesita mantequilla ni aceites añadidos para conseguir su característica corteza crujiente y su miga suave. Esto la diferencia de otras preparaciones de panadería que incorporan grasas, azúcares u otros ingredientes para conseguir determinadas texturas y sabores.

Como fuente de carbohidratos, la marraqueta entrega energía para las actividades cotidianas. Los carbohidratos cumplen una función importante en el organismo y no deberían excluirse de una alimentación saludable sin una razón específica. El cuerpo necesita energía para funcionar, y el pan puede contribuir a satisfacer esa demanda, especialmente cuando se integra en comidas variadas y se consume en cantidades adecuadas a las necesidades de cada persona.

Pero hay otro aspecto que merece atención: su preparación tradicional no incorpora grasas añadidas. Esto puede convertirla en una alternativa interesante frente a otros productos de panadería con mayor contenido de grasas. Sin embargo, conviene evitar las generalizaciones: su aporte calórico depende del peso de la porción y sus características nutricionales también están determinadas por la harina utilizada y la receta.

La diferencia también está en cómo la comemos. Una marraqueta acompañada de huevo, palta, tomate o quesillo puede formar parte de un desayuno o una colación más completa, al combinar carbohidratos con proteínas, grasas saludables y otros nutrientes. En cambio, si el consumo habitual se acompaña de grandes cantidades de embutidos, mantequilla u otros alimentos ricos en sodio y grasas saturadas, el balance nutricional de esa comida cambia.

Por supuesto, la marraqueta no es un alimento mágico ni está libre de consideraciones nutricionales. Se elabora habitualmente con harina refinada, por lo que aporta menos fibra que un pan integral, y contiene sal, un aspecto importante para quienes necesitan controlar su consumo de sodio. La Organización Mundial de la Salud recomienda una alimentación variada, equilibrada y moderada, con preferencia por cereales integrales, frutas, verduras y legumbres.

La pregunta, entonces, no debería ser si la marraqueta engorda o si debemos eliminarla de nuestra mesa. Lo relevante es cuánto comemos, con qué la acompañamos y cómo se integra en nuestros hábitos diarios. Una dieta saludable no se construye a partir de prohibiciones aisladas, sino de decisiones sostenidas en el tiempo.

En Chile, donde la marraqueta forma parte de la identidad alimentaria y de la vida cotidiana, defender su lugar en la mesa también significa entregar información responsable. No se trata de promover un consumo ilimitado ni de atribuirle propiedades que no tiene, sino de reconocer que un alimento tradicional puede convivir con una alimentación equilibrada.

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