Por Ramón Olfos, presidente de UNIPAN V Región
Durante mucho tiempo, el huevo cargó con una reputación que parecía difícil de modificar. La conversación pública se concentraba en sus calorías, el colesterol y las restricciones que durante años rodearon su consumo. Pero algo cambió.
El huevo comenzó a ser comunicado desde otros atributos: proteína, nutrición, versatilidad, calidad. Campañas como las impulsadas por Chilehuevos demostraron que una categoría alimentaria también puede construir un relato, instalar atributos y modificar la manera en que el consumidor la percibe.
La pregunta es inevitable: ¿Puede el pan hacer algo parecido? Yo creo que sí.
Durante demasiado tiempo, cuando hablamos de pan, la conversación pública suele aparecer asociada a precio, carbohidratos, calorías o incluso a la idea de que deberíamos consumir menos. Pero existe otra forma de mirar el producto. Podemos hablar de ingredientes, elaboración, fermentación, frescura, calidad, oficio, cultura y territorio.
Y podemos comenzar por un producto que tiene una identidad especialmente fuerte en nuestra región: el pan batido.
La tarea no consiste en decir que el pan es “bueno” y punto. Tampoco en convertirlo en un alimento milagroso. Mucho menos en entrar en una disputa contra nutricionistas o contra otros productos. Se trata de hacer visible aquello que hoy permanece oculto.
¿Qué contiene el pan que estamos comprando? ¿Cómo fue elaborado? ¿Qué harina se utilizó? O ¿Existe una diferencia entre una elaboración artesanal y otra industrial?
Estas preguntas pueden abrir una conversación completamente distinta. Y aquí existe una oportunidad para el sector panadero. Así como otras categorías alimentarias han logrado construir atributos positivos alrededor de sus productos, la panadería también puede comenzar a hacerlo.
El pan batido podría ser el punto de partida de una campaña regional que no diga simplemente “compre pan”. Debe decir algo mucho más interesante; conozca el pan que está comprando.
Porque cuando el consumidor entiende un producto, también puede comenzar a valorarlo de otra manera. Esa debería ser una de las grandes tareas de la panadería en los próximos años. Porque quizás el desafío no sea convencer a Chile de que coma más pan.
Quizás sea conseguir que valoremos más el pan que comemos.

