El alza desmedida en el costo de los insumos esenciales como la harina y la depreciación de la moneda nacional han elevado el precio de este clásico alimento hasta representar casi la mitad del salario promedio mensual.
Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG
La crisis económica en Cuba sigue manifestándose en el costo de la vida cotidiana y en los hábitos de consumo de la población. La pizza, históricamente considerada una alternativa popular y accesible dentro de la oferta gastronómica de la isla, ha experimentado incrementos de precio que reflejan la brecha económica y territorial generada por la constante devaluación del peso cubano (CUP).
Actualmente, los valores de venta al público muestran fluctuaciones significativas según la provincia y el tipo de establecimiento. En los puestos callejeros de regiones como Holguín, Camagüey y Ciego de Ávila, una porción o pizza sencilla se comercializa entre los 100 CUP (USD 0,13) y los 200 CUP (USD 0,25). Sin embargo, en la capital, La Habana, los precios en el sector privado alcanzan cotizaciones de hasta 7.000 CUP (USD 8,77) por unidad, registrando diferencias de hasta 70 veces entre un formato y otro.
Este escenario responde al encarecimiento de la materia prima e insumos importados necesarios para la elaboración del producto. Durante 2026, el valor de un saco de harina llegó a cotizarse en torno a los 45.000 CUP (USD 56,39), influenciado por el alza del dólar en el mercado informal, que superó los 780 CUP por divisa.
A esto se suman las alzas en ingredientes clave como el queso, los embutidos y las grasas comestibles, en un contexto donde la inflación interanual oficial en la categoría de alimentos y bebidas no alcohólicas alcanzó un 36,01% al cierre de agosto.
El encarecimiento impacta de forma directa en el poder de compra de la ciudadanía. Con un salario medio mensual estimado en 6.930 CUP (USD 8,68) y un sueldo mínimo fijado entre los 2.100 y 2.200 CUP, el consumo de una pizza en un restaurante privado representa entre el 14% y el 47% del ingreso mensual de un trabajador formal, dificultando el acceso al consumo fuera del hogar.
Desde el sector productivo y gastronómico, los elaboradores independientes señalan que la falta de acceso fluido a las materias primas y las limitaciones operativas dificultan el sostenimiento de los negocios.
“Tenemos que justificar la harina y las cosas. Si los recursos se democratizasen en gran medida, uno podría avanzar; de lo contrario, todos tenemos que estar inventando”, señalan trabajadores del rubro, agregando que una mayor disponibilidad de insumos permitiría estabilizar la oferta y mantener la viabilidad de los locales de panificación y gastronomía en la isla.

