La reciente muerte del músico argentino, líder de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, nos deja postales periodísticas de este calibre. La pasión de tres hermanos por una de las bandas más influyentes de la escena argentina y el sabor que no se tranza.
Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG
Hay historias gastronómicas que nacen desde una receta. Otras desde una estrategia comercial. Pero “Pizza Redonditos” nació desde algo mucho más poderoso: la devoción absoluta por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Y quizás por eso terminó apareciendo en La Nación, uno de los medios más importantes de Argentina, justo en el momento más emotivo que haya vivido el universo ricotero en décadas.
Mientras miles de personas llegaron hasta Villa Domínico para despedir a Indio Solari, a pocos metros del velatorio ocurría otra escena profundamente simbólica: una pequeña pizzería temática se transformaba en punto de peregrinación emocional para fanáticos de todo el país.
La historia parece escrita por el propio rock argentino. Tres hermanos de Avellaneda —Fernando, Darío y Leonardo Rodríguez— decidieron en 2020 abrir un local inspirado en la banda que marcó sus vidas. Primero se llamó “No lo soñé”, pero fueron los propios clientes quienes terminaron rebautizando el espacio como “Pizza Redonditos”. La gente entendió antes que ellos que el lugar no era solo una pizzería: era identidad ricotera hecha barrio.
Y el destino hizo el resto. Apenas unos años después, una de sus sucursales quedó ubicada exactamente al lado del sitio donde miles de personas despedirán al Indio Solari. Lo que parecía coincidencia terminó convirtiéndose en postal histórica.
Pero quizás lo más interesante de toda esta historia no es la viralización ni la cobertura mediática. Es lo que representa.
Porque durante mucho tiempo hubo quienes insistieron en que la gastronomía debía mantenerse distante de la cultura popular. Que el rock y la cocina pertenecían a mundos distintos. Como si una pizza no pudiera tener relato. Como si un restaurante no pudiera convertirse en símbolo cultural.
“Pizza Redonditos” destruye completamente esa idea.
El local funciona casi como un museo ricotero: murales, referencias al Indio, tatuajes, canciones, códigos compartidos y una comunidad que se reconoce entre porciones de fugazzeta y vasos servidos al paso.
Ahí está precisamente la fuerza del proyecto.No venden únicamente pizza. Venden pertenencia.
Por eso la cobertura de La Nación tiene tanta relevancia simbólica. Porque no fue una nota sobre comida. Fue una crónica sobre cultura popular argentina, sobre barrio, memoria colectiva y pasión musical atravesando un negocio familiar.
En tiempos donde muchos proyectos gastronómicos intentan desesperadamente parecer “instagrameables”, los hermanos Rodríguez construyeron algo infinitamente más difícil: autenticidad.
Y esa autenticidad terminó explotando el mismo día en que el país lloró al Indio.
Mientras afuera avanzaban kilómetros de fanáticos cantando “Jijiji”, adentro del local seguían saliendo pizzas, abrazos y lágrimas compartidas. Como si el rock, finalmente, hubiera encontrado también su lugar natural dentro de una pizzería.

