Hay historias donde el éxito no se mide únicamente por los premios obtenidos, sino por la capacidad de mantenerse unidos a través del tiempo.
Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG.
Para Verónica Pérez Villarroel, esa ha sido la verdadera fortaleza de Panificadora Pérez, la empresa familiar que desde 1981 forma parte de la identidad de Buin y que en 2014 alcanzó reconocimiento nacional al obtener el primer lugar en el concurso La Mejor Marraqueta.
Cuando recuerda aquel triunfo, no habla primero del trofeo ni de los aplausos. Lo que permanece en su memoria es la inesperada atención mediática que llegó hasta la panadería. “Fue grandioso, fue mega. Estábamos compitiendo con panaderías grandes, como San Camilo, y para nosotros, que somos gente campechana, ya era un orgullo estar ahí. Mi hermano Pedro terminaba una entrevista y seguía con otra. Llegaron todos los canales de televisión y la gente se preguntaba qué estaba pasando”, recuerda.
Sin embargo, para Verónica ese reconocimiento fue consecuencia de algo mucho más profundo: décadas de esfuerzo compartido. “Eso se logra por el trabajo, por el esfuerzo en familia y por la colaboración de los trabajadores. Siempre digo que esto funciona como una rueda: uno hace una cosa, el otro hace otra, y todo termina encajando. Para sacar una buena marraqueta cuesta mucho trabajo.”
Hoy, junto a su hermano Pedro, continúa liderando gran parte de la administración de la empresa. Mientras él concentra su labor en la gestión financiera, ella se ocupa de proveedores, personal y administración, aunque reconoce que su verdadera especialidad siempre ha estado en las personas. “Siempre me gustó atender público, conversar con los clientes y entender qué necesitan. Nunca he sido una persona fría. He aprendido que un cliente se puede ganar en un segundo, pero también se puede perder en un segundo.”
De secretaria a empresaria familiar
Su historia con la panadería comenzó mucho antes del reconocimiento nacional. Tras estudiar Secretariado Comercial en AIEP, trabajó en Santiago, primero en el edificio Diego Portales, donde estuvo a cargo del abastecimiento del casino de la Presidencia, y posteriormente en Radio Agricultura, desempeñando funciones administrativas y comerciales.
Cada tarde regresaba a Buin y escuchaba la misma frase de su padre. “Me decía que hacían falta manos.” Con el tiempo, esa necesidad se transformó en una invitación. “Mi papá veía que yo manejaba la parte administrativa y siempre me decía: ‘Verito, yo creo que tú lo harías bien acá’.”
A los 22 años decidió dejar Santiago y sumarse definitivamente al negocio familiar. “Los viajes me cansaban mucho. Entonces le dije: ‘Papá, mejor me quedo acá’.” Lo que parecía una ayuda temporal terminó convirtiéndose en más de cuarenta años dedicados a la empresa.
Adaptarse para seguir creciendo
Durante estas cuatro décadas ha visto transformarse profundamente la industria panadera. “Yo tengo 66 años y no me puedo quedar en el pasado. Todo cambia muy rápido y tenemos que actualizarnos.”
Esa visión también ha guiado la evolución de Panificadora Pérez. Aunque mantiene su carácter artesanal, la empresa ha incorporado nuevas tecnologías para optimizar sus procesos productivos, desde sistemas de control de temperatura hasta maquinaria especializada.
Entre todas las inversiones realizadas, hay una que destaca especialmente. “Tenemos un grupo electrógeno que nos permitió seguir funcionando incluso durante el terremoto y la pandemia. Nunca dejamos de producir.
La capacidad de adaptarse sin perder la esencia es, para ella, una de las claves que explica la permanencia de la empresa en una industria cada vez más competitiva.
El mayor patrimonio: la unión familiar
Si hay un concepto que atraviesa toda la conversación con Verónica es la familia. Cuando se le pregunta cuál considera el mayor logro después de más de cuatro décadas trabajando junto a sus hermanos, responde sin vacilar. “La unión familiar.” Y vuelve a repetirlo. “La unión.”
Para ella, esa cohesión explica por qué la empresa ha logrado mantenerse vigente durante tanto tiempo. “Muchas empresas familiares fracasan porque cada uno tira para un lado distinto. Nosotros no. Somos muy unidos.”
Actualmente la familia vive una etapa decisiva: el recambio generacional. Verónica, Pedro, María Eugenia y Gloria ya iniciaron su proceso de jubilación, mientras las nuevas generaciones han optado por desarrollar sus propias profesiones. “Los sobrinos todavía son jóvenes y los mayores siguieron otros caminos.”
Un sueño pendiente
A pesar de todo lo construido, aún conserva un objetivo personal: volver a ganar el concurso La Mejor Marraqueta. Después del histórico triunfo de 2014, Panificadora Pérez ha seguido siendo protagonista, obteniendo segundos y terceros lugares y clasificándose reiteradamente entre las mejores panaderías del país. “Me gustaría salir primero otra vez. Siento que sería una forma muy bonita de cerrar este ciclo junto a mis hermanos.”
Al finalizar la conversación, su mirada se vuelve inevitablemente hacia sus padres, fundadores de la empresa. Ante la pregunta sobre cuál sería hoy el mayor regalo que podrían entregarles, responde con la misma convicción que ha guiado toda su historia. “La unión familiar. El amor. El cariño. Cómo nos organizamos para cuidarnos y acompañarnos. Porque si no hay amor, esto simplemente no resulta.”
Quizás esa sea la verdadera receta detrás de Panificadora Pérez. No solo el pan que diariamente sale de sus hornos, sino una familia que durante más de cuarenta años ha demostrado que los mejores proyectos se construyen con trabajo, compromiso y la decisión de permanecer unidos frente a cualquier desafío.

