Por: Pablo Piwonka Carrasco, Director de Indupan AG
En los últimos años, palabras como “artesanal”, “natural”, “masa madre” o “hecho a mano” han adquirido un enorme valor comercial.
Los consumidores buscan productos más auténticos, con procesos claros y una identidad reconocible. Sin embargo, precisamente por ese valor, estos conceptos también han comenzado a utilizarse de manera cada vez más flexible en campañas de marketing que muchas veces generan más preguntas que certezas.
La reciente discusión en torno a productos industriales comercializados bajo la denominación de “artesanales” abre un debate que la industria alimentaria no debería evitar.
¿Qué entendemos realmente por artesanal? ¿Es suficiente una receta distinta, una apariencia rústica o una estrategia de branding para utilizar ese concepto? Para miles de panaderos, pasteleros y productores que elaboran diariamente sus productos mediante procesos tradicionales, la respuesta parece evidente.
El problema no es la existencia de la gran industria ni su legítimo derecho a innovar y competir. El problema surge cuando una palabra que históricamente ha estado asociada al oficio, al conocimiento transmitido entre generaciones y a la elaboración humana comienza a perder significado por un uso excesivamente amplio. Cuando todo puede ser artesanal, el concepto deja de diferenciar y termina vaciándose de contenido.
La preocupación es mayor porque hoy los consumidores prestan más atención que nunca a los ingredientes, los procesos productivos y la calidad de los alimentos que llevan a sus hogares. La confianza se ha convertido en un activo fundamental para cualquier marca, y esa confianza se construye sobre información clara y transparente.
Chile es uno de los mayores consumidores de pan del mundo. El pan forma parte de nuestra cultura, nuestra identidad y nuestra vida cotidiana. Por eso resulta necesario abrir una conversación seria sobre los términos que utiliza la industria alimentaria y sobre los estándares que deberían respaldarlos.
Porque cuando una etiqueta promete algo que el producto no representa plenamente, el daño no es solo comercial. También afecta la credibilidad de las marcas, el valor del trabajo artesanal genuino y el derecho de las personas a elegir con información veraz.
Desde el gremio panadero chileno, creemos que la transparencia nunca debería ser una opción, sino que debería ser la regla.

