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El envase dejó de ser invisible: la transformación silenciosa que vive la industria alimentaria chilena

A un año de la entrada en vigencia de la Ley REP, el packaging pasó de ser un elemento técnico a convertirse en una decisión estratégica para la industria alimentaria. Menos material, mayor reciclabilidad y nuevas exigencias regulatorias están obligando a fabricantes y marcas a repensar cómo producen, distribuyen y presentan sus productos en Chile.

Por: Equipo Comunicaciones Indupan AG

Durante décadas, el envase cumplió un rol casi invisible dentro de la industria alimentaria. Su función parecía clara: proteger el producto, resistir la logística y llamar la atención en la góndola. Pero la entrada en vigencia de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) comenzó a modificar profundamente esa lógica.

Hoy, el packaging ya no es solo diseño o funcionalidad. Se transformó en una variable estratégica donde convergen sostenibilidad, costos operacionales, reputación corporativa y cumplimiento normativo.

El cambio no ocurre únicamente en las grandes industrias. También se percibe en proveedores, fabricantes y empresas ligadas al desarrollo de soluciones de envasado, donde las conversaciones comenzaron a girar hacia conceptos que hace algunos años parecían secundarios: reciclabilidad, reducción de materiales, huella ambiental y economía circular.

“Las conversaciones con los clientes son completamente distintas a las de hace algunos años. Hoy existe mucha más conciencia sobre el impacto que tiene cada decisión de packaging”, explica Fernanda Salas, Gerente de Marketing PACCE de SIG.

La ejecutiva sostiene que actualmente las empresas observan con mucha más atención cuánto material utiliza un envase, qué posibilidades reales tiene de ser reciclado y cómo ese diseño impactará en las futuras tarifas asociadas a la Ley REP.

“El foco ya no está solamente en la funcionalidad o el diseño. Hoy también importa cuánto material se utiliza y cómo eso influye tanto en la huella ambiental como en los costos asociados a la regulación”, agrega Salas.

La presión se volvió especialmente visible en industrias de alto volumen como lácteos, jugos, vinos y alimentos procesados, donde pequeñas modificaciones en el diseño del envase pueden representar diferencias económicas importantes a gran escala.

En ese escenario, reducir materiales, optimizar formatos y migrar hacia soluciones reciclables dejó de ser solamente un gesto ambiental. Pasó a convertirse en una necesidad concreta para mantener competitividad en un mercado cada vez más regulado.

“El packaging pasó de ser un tema operativo a una decisión estratégica”, resume la representante de SIG.

Sin embargo, la transición no avanza de forma homogénea.

Mientras grandes compañías cuentan con equipos de innovación y presupuestos para rediseñar envases, muchas pequeñas y medianas empresas todavía enfrentan barreras técnicas y económicas importantes. En numerosos casos, los productos requieren estructuras complejas para asegurar conservación, resistencia o transporte, dificultando el acceso a soluciones simples y reciclables.

Pese a ello, el mercado ya comienza a mostrar señales claras de transformación.

El interés por formatos monomateriales y soluciones con mayor potencial de reciclaje aumentó de forma sostenida durante el último año. Alternativas como Bag-in-Box o Spouted Pouch comienzan lentamente a ganar espacio dentro de una industria que entiende que las exigencias ambientales continuarán creciendo.

Chile, además, se posicionó como uno de los países más avanzados de América Latina en materia regulatoria vinculada a residuos y reciclaje. Mientras otros mercados de la región aún discuten sistemas voluntarios o metas parciales, el escenario chileno ya opera bajo obligaciones concretas.

Pero ese avance también deja en evidencia una tensión estructural: la infraestructura de reciclaje todavía no crece al mismo ritmo que las metas regulatorias.

“Existe una brecha importante entre las metas regulatorias y la capacidad real de recolección y reciclaje que hoy tiene el país”, advierte Salas.

La discusión, sin embargo, no se limita únicamente al cumplimiento normativo.

Para Jadille Mussa, ecóloga y académica de la Universidad Central de Chile, parte de las empresas han incorporado conceptos de packaging sostenible sin una evaluación completa de su verdadero impacto ambiental.

“La sostenibilidad no puede transformarse en una moda vacía. Hay materiales que parecen ecológicos, pero cuyo impacto total puede terminar siendo igual o incluso peor que el de soluciones tradicionales”, sostiene la especialista.

La académica explica que uno de los errores más frecuentes es confundir materiales biodegradables con compostables, conceptos que suelen utilizarse indistintamente pese a que funcionan bajo condiciones completamente distintas.

También advierte sobre diseños excesivamente complejos o compuestos por múltiples capas de materiales, los cuales terminan dificultando o imposibilitando el reciclaje en plantas industriales. “Muchas veces se prioriza lo visual o lo comercial, pero no se piensa en la capacidad real que existe para reciclar ese envase una vez utilizado”, explica Mussa.

Desde su mirada, el desafío no pasa únicamente por reemplazar materiales, sino por rediseñar completamente la lógica de producción, distribución y recuperación de residuos.

Minimizar el uso de material, optimizar el transporte, reducir emisiones y facilitar la reutilización o reincorporación de los envases al ciclo productivo aparecen hoy como parte de una discusión mucho más profunda que el simple cambio de un plástico por otro.

Porque si algo dejó en evidencia la Ley REP durante este último año, es que el envase ya no puede entenderse como un accesorio secundario. En la nueva industria alimentaria chilena, el packaging dejó definitivamente de ser invisible.

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