El 8 de marzo será inolvidable. Ese día tuvimos que lamentar la irreparable partida de Pedro Artus Arce (66 años). Tras varias semanas luchando -como era el sello de su vida- inició un viaje a la eternidad, rodeado del afecto de su amada esposa Marcia, de su madre María Eliana de 97 años y de sus 3 hijos.

Él no sólo dejó una huella en su familia, sino que entre todos los que le conocieron por más de 4 décadas de gestión en la industria panadera. Siempre se destacó por su empuje y generosidad, así como por el trato amable que brindaba a quienes lo rodeaban.

Un ejemplo muy claro de esto nos lo relata su viuda, la señora Marcia Saldaña, quien recuerda que una vez un colega se había comprado una maquinaria y ésta no le daba los frutos que esperaba. Entonces él dejó de lado sus quehaceres y junto a uno de sus trabajadores llegó hasta la panadería del otro industrial para enseñarle a utilizarla.

Así era Pedro, un señor… Sí, un señor de amplia sonrisa, que siempre tuvo una palabra amable y afectuosa para sus cercanos y que deja un espacio difícil de llenar.

Al momento de su partida era un reconocido director de Indupan Rancagua, desde donde siempre promovió la representación de nuestro país en destacadas competencias internacionales y motivaba a sus colegas a participar en diversas actividades, así como en las reuniones gremiales que buscan fortalecer al sector.

Por otra parte, con pasión y esfuerzo convirtió a la panadería El Obrero en un referente a nivel comunal y regional.

SU HISTORIA

Este empuje lo heredó de su familia. Claro, porque en el siglo pasado sus abuelos se arriesgaron y embarcaron desde Francia a Chile, en una aventura por alcanzar un mejor futuro. Escaparon de un entorno complejo por los efectos de la guerra, pero vinieron a Chile con muchas esperanzas.

Llegaron hasta Los Andes y allí trabajaron y formaron familia. Lamentablemente ambos fallecieron muy jóvenes, por lo que sus hijos fueron criados por un tío paterno, quien los introdujo en el rubro de la panadería.

Crecieron así en torno a la panadería francesa de Linares, donde varios de ellos adquirieron el amor por el rubro. Y uno fue Pedro Artus Olivares, quien formó su familia junto a la señora María Eliana Arce, relacionándose a partir de una panadería en San Francisco de Mostazal. Trabajaron muy duro por años y lograron tener varios establecimientos para poder entregar una buena educación a sus hijos.

De ese núcleo familiar nació Pedro Artus Arce, quien desde joven se destacó por ser el mejor en cada cosa que emprendía. Sus amigos recuerdan hoy que en su etapa en el Liceo de Hombres Neandro Schilling, de San Fernando, fue un gran deportista. A pesar de no tener una gran altura, fue seleccionado de básquetbol y de fútbol, pero además era el mejor en tenis y fue campeón de boxeo.

Pero su proceso ligado a la industria panadera se inició en 1973. Ese año cursaba ingeniería en la Universidad Técnica de Santiago. Pero ese centro de estudios fue cerrado con motivo del Golpe de Estado. Por ello se fue a trabajar con su padre y lo apoyó en su deseo de dejar con una panadería a cada uno de sus hijos.

Pedro Artus hijo se esforzó mucho y aprendió todas las labores en la panadería Covadonga de San Fernando y trabajando también en La República de la misma ciudad, junto a su hermano mayor Alberto. Esto le dio la seguridad necesaria para poder casarse a los 20 años de edad con Marcia Saldaña de 18. A ella la conocía hace 5 años, ya que era amiga de sus hermanas.

Ambos eran muy jóvenes, pero se trasladaron a una panadería en El Tambo, una localidad agrícola ubicada aproximadamente a 10 kms. al Este de la ciudad de San Vicente de Tagua Tagua y a a 13 kms. al Noroeste de San Fernando.

Marcia que era la hija menor de su hogar y por ello muy regalona, pero llegó a la panadería y de inmediato su suegro la instaló a trabajar en la caja y su veinteañero esposo se hizo cargo de casi todo el resto.

Ella recuerda hoy con mucho afecto que su suegro le enseñó todo. Para eso viajaba al menos 3 veces en la semana a supervisar cada detalle y a retirar los dineros generados en esa panadería.

Al poco tiempo el suegro les ofreció trasladarse a otra panadería en San Francisco de Mostazal. Ambos aceptaron de inmediato, sobre todo porque los padres de Marcia vivían en esa localidad.

Allí comenzaron a trabajar para pagar la panadería y generar ganancias. Ambos recibían, en ese tiempo, un sueldo por sus respectivas labores. Esto, porque el padre y suegro quería que alcanzaran sus metas con empeño propio.

Al terminar de pagarla se trasladaron a la recientemente adquirida panadería El Obrero en Rengo (entre 1976 y 1977). Allí Pedro Artus hijo y su señora Marcia se instalaron definitivamente. Trabajaron con mucho empeño hasta pagar el establecimiento. Comenzaron también a llegar los hijos y poco a poco fueron adquiriendo más empresas del rubro.

Compraron una panadería en Peumo, que quedó a cargo de un hermano de la señora Marcia; arrendaron la panadería Barcelona en Valparaíso, que estuvo a cargo de unos sobrinos y, arrendaron otra en San Fernando, que manejaba un administrador.

Para hacer funcionar todas estas empresas, Pedro Artus y la señora Marcia viajaban periódicamente a visitar cada una de ellas. Esto les implicó un gran desgaste y pocos resultados en las panaderías que no estaban en sus manos, así que optaron por cerrar (hasta la fecha) la de Peumo y dejar de arrendar las otras.

Adicional a este trabajo, Pedro Artus tuvo en los años 80 algunos otros negocios en sociedad. Entre ellos destacaron una cadena de Club de Videos, que fue la primera en la zona y contó con locales en Rancagua, Rengo, San Fernando y Villa Alemana, entre otros.


FAMILIA

Pero no todo fue formar empresas. Pedro Artus es recordado como un afectuoso esposo y padre por sus 3 hijos: Pedro, Juan Manuel y Valentina. Y además por ser un cariñoso abuelo de sus 6 nietos…. aunque reconocía que tenía una relación especial con el menor de ellos, Pascual, quien es hijo de su única hija y vive en Rengo.

La señora Marcia recuerda que era su placer ir a ver al nieto, que tiene algo más de un año, varias veces al día. Pasaba en la mañana, a la hora del almuerzo y antes e irse a su casa. Hoy, a días de su deceso, el niño pronunció sus primeras palabras y una de ellas fue “Tata”, mirando su fotografía. “El niño se para mirando la puerta y está algo triste. Todos creemos que lo extraña”, dice con melancolía su abuela.

Pedro Artus fue, además, un gran ejemplo para sus colegas. Siempre procuró hacer las cosas bien y mejorar constantemente. Un ejemplo de eso es que fue el primero en traer hornos de Europa.

Uno de sus colegas, amigo y ex cuñado, Juan Carlos Cortés, nos menciona que muchas veces los fiscalizadores sanitarios les decían a los colegas panaderos de la zona: “Si quieren hacer las cosas bien, vayan a ver la panadería el Obrero de Rengo”.

Tras su partida, esta empresa queda en manos de su esposa, quien dice que ahora valora aún más el trabajo de don Pedro. “Me doy cuenta que él hacia tantas cosas… y era tan ordenado que si yo necesito algo, tomo su teléfono, busco en sus cosas y están todos los contactos (proveedores, clientes y maestros para reparaciones)”.

Dice que ella encabeza en estos días la panadería, ya que siempre incentivó a sus hijos a desarrollarse en otras áreas. “En estos momentos mi hija Valentina y su esposo me están apoyando. Estoy haciendo este esfuerzo, cargando con la tristeza de ya no tenerlo. Pero lo hago porque creo que es un homenaje para él”.

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