Europa premia a Panduru, un proyecto de dos asturianas que sustituyen el pan que no se consume por la harina en las recetas tradicionales.


¿Q

uién no tiene un trozo de pan de ayer en casa? Pues este es el principal ingrediente de Panduru, un negocio asturiano de repostería que surgió en pleno confinamiento y que ya ha sido reconocido por Europa.

El equipo formado por Ana Marcos y Elena Fernández, ha recibido el premio al emprendimiento femenino de la mano de EIT Food. “Esta validación impulsará nuestro proyecto. Además, permitirá fomentar y concienciar sobre el consumo responsable”, afirma entusiasmada Ana Marcos.

Esta idea floreció en pleno estado de alarma. Las dos decidieron buscar una nueva forma de negocio, relacionado por supuesto con las 4R y sus cuatro súper poderes para el medioambiente: Reducir, reutilizar, reciclar y recuperar.


“Como Elena está vinculada al pan, decidimos mirar y ver qué hacer con ese pan que se tira”, explica Ana Marcos. “Empezamos a investigar, nos formamos y nos inscribimos en EWA, un nuevo programa europeo de red de mujeres emprendedoras, que apoya al sector agroalimentario. Y en junio, entre 60 iniciativas eligieron 10. Entre ellas, nosotras”, añade. Y esto le ha dado el empujón a Panduru para empezar así a elaborar los primeros productos que se centran en la repostería sostenible.

“Sustituimos el pan que no se consume por la harina en las recetas que preparamos”, explica Marcos. “La materia prima nos la proporciona la panadería La Portalina, donde vendemos y la que también nos cede su obrador. De momento hacemos bizcocho, tanto de yogurt como de chocolate, las Pandurines que son unas galletas y la tarta de queso Afuega’l pitu”, indica.

Lo cierto es que trabajar la masa con pan es muy complicado, porque es menos flexible. Por ejemplo, “los Pandurines nacieron porque los Marañueles no salieron”, relata Marcos, que asegura que se han convertido en el producto estrella.

“Intentamos hacer el nudo marinero de ese dulce típico de Candas y Luanco, pero no hubo manera. Pero para evitar tirarlas, las horneamos y salió un auténtico éxito”.

La idea de Panduru no sólo es contribuir a reducir el desperdicio alimentario, sino también hacer repostería enriquecida con productos locales asturianos de temporada. Además, han recuperado la cultura del aprovechamiento “que siempre existió en las casas y fundamentalmente llevaron a cabo las mujeres”, concluye. Es decir, formalizan un modelo de negocio que garantiza el consumo responsable.

En un futuro no muy lejano, plantean hacer nuevas recetas con esos excedentes que siempre terminan en la basura, como la fruta o la verdura. “Queremos sacar más líneas de productos, como por ejemplo variedades saladas de empanadas y bollos”. Lo cierto es que ya van a invertir esa dotación económica que han adquirido con el reciente premio, para poco a poco lograr dicho objetivo.

“Queremos tener un espacio propio, para así tener mayor disponibilidad para la producción. Además, compraremos un molino de pan para que nos facilite el trabajo”, explica Marcos, que asegura que a corto plazo planean vender en diferentes puntos, así como aumentar el personal.

El buen rendimiento del negocio se debe también a esa comunidad que las ampara en redes sociales. “Tenemos un gran número de seguidores a los que les encantan nuestras recetas e incluso, algunos nos dan consejos que ponemos en práctica”, detalla y afirma que “ese feedback también nos ayuda a crecer y desarrollar nuestro proyecto”.

Otro de los objetivos que también persiguen estas asturianas, es la sensibilización. Por eso también imparten talleres, tanto para los más pequeños de la casa como para los adultos, a fin de concienciar sobre el consumo responsable.

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