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Con Patricio Cisternas: El Pan que Compartimos





El Hacedor de Hambre nos acompaña en esta oportunidad, justo cuando celebramos el mes de la cocina chilena. Su historia y su vinculación con el mundo del pan la detallamos en la siguiente crónica.



Hacedor de Hambre es hoy una marca reconocida en el ámbito de la gastronomía nacional, porque su quehacer traspasó los alcances del programa que nació hace casi 8 años en Canal 13. Pero detrás de ella hay un hombre que fue su creador y que ha ganado un enorme prestigio dando a conocer la gastronomía nacional en TV, radio y redes sociales.


Se trata de Patricio Cisternas @hacedordehambre, quien es comunicador audiovisual de profesión, con estudios en marketing y quien antes de crear este proyecto, trabajó como productor, director, camarógrafo y editor de televisión en estelares como Viva el Lunes, Martes 13, Animal Nocturno y los festivales de Viña del Mar y Olmué.


Siendo muy pequeño, en  atención a razones familiares, se trasladó a vivir a Sao Paulo, Brasil, donde estuvo hasta los 14 años de edad. Más tarde se fue a Estados Unidos, donde se desempeñó como productor ejecutivo en un Ministerio Cristiano, en temas audiovisuales para el restaurante del cantante Nito Mestre y en el canal Food Network. Al cabo de una década y con toda esa experiencia a cuestas, se instaló profesionalmente en Chile.



“El Hacedor de Hambre nace como una necesidad de visibilizar a los emprendedores que estaban en silencio y siempre les costaba reflejar lo que estaban realizando. Esto, en un contexto en el que aún las redes sociales no eran relevantes, porque lo digital se encontraba partiendo y casi todo se hacía en formato físico. La idea fue ayudar, desde la mirada de convertirse en una toalla de servicio con la que te limpias, te secas, te ayudas y te visibilizas, a costo gratuito para quienes aparecieran en pantalla”.

Comenta que Canal 13 le dio la oportunidad cuando estaba construyendo el espacio Sábado de Reportajes, con programas como el de Francisco Saavedra o Recorriendo Chile. “Y nos fue muy bien, porque la gente aceptó y le gustó un personaje común y corriente mostrando las picadas del país sin ningún tecnicismo ni nada cursi”, indica.

Luego la marca logró un espacio en radio Pudahuel durante 6 años y después vinieron la feria gastronómica Hacedor de Hambre y algunos libros, así como unos vinos que desarrolló junto con unos emprendedores. “Todo conformó un pull de herramientas que nos permite seguir visibilizando y que la marca tenga peso, con una veta social que impacta a la gente y la acompaña siempre, incluso desde las redes sociales con un meme lindo, una palabra de aliento o un pensamiento que les puede servir”. 

Sobre su relación con la panadería, Patricio Cisternas apunta a que es algo muy diferente a lo tradicional, porque desde chico no tuvo un apego al pan como todos los chilenos, ya que al vivir en Brasil no creció con la hallulla, ni con la marraqueta, ni la dobladita. “Allá era otro tipo de pan, otro tipo de alimentación en las mañanas; entonces, al llegar a Chile y reencontrarme con la familia, con mi abuela, con los tíos, con las panaderías, de a poco me fui encantando con el pan y conociéndolo”.

En ese sentido, dice que su cercanía empieza cuando comenzó a trabajar en el mundo de la comunicación, donde lo inspiró un montón la historia y la cultura que hay detrás del pan en el país, así como ver a gente que se apasiona con él y su proceso de fabricación. “Mis desayunos no siempre fueron con pan, sino más bien con proteínas. Hoy tengo una relación especial y un poco triste con la panadería, porque nos conocimos viejos y lamento que no se haya dado antes, ya que siento que podría haber sido mucho más linda”. 

No obstante, Cisternas cree que el pan es sinónimo de un buen despertar, de un buen desayuno, de un buen encuentro familiar, de un buen olor, de un buen trabajo y de compartir, todo lo cual lo ha ido aprendiendo en el camino, enamorándose de un producto que se ha atrevido a probar no sólo desde lo tradicional, sino que también en elaboraciones que van más allá de típica marraqueta y hallulla.

El Hacedor de Hambre igualmente piensa que algo muy importante es que uno se puede enamorar del olor puesto en la boca con algo tan básico como el pan, ojalá sin nada encima, sólo caliente. “Cuando estaba en Brasil, la gente no tenía el hábito de comer el pan con tanto acompañamiento y eso es algo que me parece bueno, porque tenemos que aprender a disfrutar el pan por lo que es en su esencia. Es un tema de idiosincrasia, pero a mí me gusta. Mi opinión apunta a que es relevante probar las cosas tal y como son, solas; la carne como carne, el pan como pan, sin tanto aderezo”.

A la hora de consumirlo, confiesa que tiene 4 aliados fundamentales que son la mantequilla, el huevo, la palta y el salame. Y si le agrega algo dulce, se inclina por la mermelada de mora. Sobre los tipos que más le gustan, su ranking personal lo encabeza el pan amasado, luego la tortilla de rescoldo, después la dobladita y en cuarto lugar pone a la marraqueta. Y afirma que, en general, lo prefiere para los almuerzos, sobre todo en los asados para combinarlo con chancho en piedra o pebre cuchareado. Aunque no descarta la hora de las onces para untarlo en tomate con ajo.


A su vez, la pastelería le resulta irresistible si se trata de un buen berlín. “Sinceramente es una de las drogas más lindas y dulces que tengo. Son una adicción para mí, porque me encantan. Y los mejores están Zapallar, donde el tío Hernán. Yo hago mucho buceo y me da hambre; cuando salgo me puedo comer 4, 5 y hasta 6 de sus berlines. Además, disfruto con el pan de huevo y los empolvados”.


En relación a los desafíos que se presentan para la panadería tradicional, opina que ésta debe mantener su sello distintivo y comunicar su capacidad de ser artesanal. “Tienen como elemento relevante el trabajo de hormiga que siempre han hecho y que los diferencia. Eso hay que transmitirlo y demostrar cara a cara lo que representa la panadería. Al entrar a un negocio de barrio, tiene que estar el olor característico, el panadero vestido de blanco, la harina, el canastero trayendo pan caliente; eso no se puede perder. Siento que las panaderías tienen la obligación de ir contra la corriente, de atreverse a ser salmones, confiando en los atributos de lo que hacen”.


Respecto de las nuevas tendencias en alimentación, Patricio Cisternas señala que le encanta eso de cocinar rico, pero con menos elementos que dañen el organismo. “Esta tendencia llega como una forma de decir yo me preocupo por ti, te quiero y te cuido. Y ahí me hacen mucho sentido los productos especiales para alergias alimentarias o con materias primas más nobles como la masa madre. Pero comer saludable sigue siendo caro y eso hay que regularlo”.


También le consultamos sobre la cocina chilena, considerando que ésta celebra su mes. Dice que tiene una percepción muy positiva en cuanto a lo que son sus productos, porque somos un país muy rico, con una amplia variedad de alternativas tanto en mar como en tierra. “Podemos construir y deconstruir muchos platos, dependiendo de la zona del país, ya que cada una tiene características especiales”. 


Advierte eso sí, que falta un ente comunicador que nos represente, que diga esto es Chile y dé a conocer nuestras bondades tal y como lo hacen nuestros vecinos con campañas como Pro Perú a nivel gastronómico. “Hoy tenemos muchos cocineros, pero no hay unión; todos quieren brillar con luces propias y no piensan que lo importante es el poroto, el charquicán, no quién lo prepara. Además, vivimos en una burbuja de ignorancia y debemos inspirar a la gente para que aprenda sobre lo que existe en nuestro país. Hay que terminar con el egoísmo, con el egocentrismo y pensar en Chile como un solo nombre y una sola marca”.


De los productos panaderos que identifica con este desafío, puntualiza que debe estar la marraqueta como ícono central. También el pan amasado, la dobladita y una buena tortilla de rescoldo. En pastelería, sin duda el berlín y las tortas como las 3 leches, que son productos muy bien desarrollados más allá de su origen. Y desde luego el empolvado, “que es un productazo. De hecho, cada vez que viene alguien del extranjero y prueba un empolvado, se maravilla con él por su textura, por el manjar y por como lo elaboran”.


El Hacedor de Hambre está por estos días en Zapallar, lugar elegido por Cisternas para modificar su estilo de vida. “Necesitaba un cambio mental, porque estaba demasiado estresado y pasado de revoluciones, con una forma de trabajar muy agresiva y apasionada, que me hizo olvidar mi cuerpo. Desarrollé una rutina sedentaria, que me llevó a tener 1050 de triglicéridos. Por eso le puse un freno y me vine donde están mis raíces familiares”.


No obstante, futuros proyectos ya se avistan en su horizonte y nos cuenta, como primicia, que próximamente volverá a Estados Unidos, donde espera replicar, entre otras cosas, el éxito de la marca y la feria Hacedor de Hambre. 

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