José Pérez Arellano, administrador de la empresa de su familia, nos relató cómo su padre, una persona que comenzó haciendo aseo en una pastelería, hoy encabeza una exitosa industria en pleno proceso de expansión.


Con sólo 15 años de edad, en 1970, Humberto Pérez llegó a Santiago. Emigró desde la ciudad de Parral, en la región del Maule, en busca de trabajo para poder tener nuevas oportunidades de desarrollo.


Se empleó en una pastelería en Vitacura como auxiliar de aseo. Pero estaba tan ansioso por aprender, que al terminar su turno se quedaba para ayudar a los panaderos en la elaboración de empanadas.


Sus ganas de surgir le generaron la simpatía de sus compañeros de trabajo, quienes le fueron enseñando los secretos y las técnicas para producir distintas masas. Pero no sólo eso. A poco andar, se incorporó como ayudante de pastelería, donde se destacó por sus habilidades y capacidad para producir.


Con el paso de los años integró las áreas de producción de diferentes pastelerías del sector oriente de la capital, donde gracias a las capacitaciones y la experiencia adquirida de sus colegas, se convirtió en un talentoso pastelero.


Así llegó a desempeñarse en el hotel San Francisco como encargado de pastelería y, posteriormente, se empleó como jefe de pastelería en Sodexo Chile.


En eso años ya estaba casado y tenía una familia con 3 hijos, lo que lo impulsó a desarrollarse paralelamente como emprendedor del rubro. En un pequeño taller en su casa elaboraba tortas, pasteles y panes a pedido.


EMPRESARIO


Tan buena fue la respuesta que decidió renunciar e independizarse. Arrendó un local en calle José Miguel Carrera, en La Florida, donde instaló una pastelería con panadería y venta de abarrotes.


José, uno de sus hijos, estaba entonces iniciando su educación media y cuando podía colaboraba en el negocio. “Unos 5 años después mi padre comenzó a buscar clientes más grandes y ahí nos fue mucho mejor en las ventas”, recuerda.


Esto le permitió dar un salto. Compró una casa que remodelaron y armó una pastelería más estructurada en la misma calle, donde pudo aumentar la producción. Además devolvió el local que arrendaba y se concentró en el propio. Así nació la primera Pastelería Don Humberto. “Esto fue como en el año 2006”, señala José.


En tanto, él había obtenido su educación media técnico–profesional con el título de Técnico en Alimentos, aunque no estaba convencido de seguir ese camino, por lo que estudió una profesión de otra área. Pero finalmente, desde hace unos 12 años está dedicado al 100% al negocio familiar.


EXPANSIÓN


Recuerda que a lo largo de este período, arrendaron otro local para abrir una segunda pastelería. Ésta se ubicó en avenida Rojas Magallanes, también en La Florida. Pero sólo era punto de venta y para tener pan fresco, se cocía en el lugar.


Y siguieron creciendo como empresa. Hace unos 2 años compraron otra propiedad y abrieron una pastelería más grande (250 metros cuadrados), la cual igualmente se encuentra en la calle Rojas Magallanes, a 2 casas del local anterior, y fue habilitada para producir y vender pollos asados.


Don Humberto ha sido el gestor de cada uno de estos pasos, reconoce su hijo, ya que se encargó de buscar cada local, formar sólidos equipos de producción –para dar una gran calidad y estabilidad a sus productos- y encontrar clientes.


José está a cargo hoy de la pastelería más grande y del local de pollos, y uno de sus hermanos de la pastelería de José Miguel Carrera, donde también hay producción, pero a menor escala.


Desde hace ya un año, don Humberto ha estado un poco alejado del negocio, porque está enfocado en un nuevo proyecto. Se compró un terreno en el sur y está trabajando para alcanzar la meta de producir insumos propios. Entre ellos, frutos, leches, huevos y manjar. “Está en eso en Longaví. Y lograr este proyecto será un nuevo hito para la empresa”, reconoce José.


EVOLUCIÓN


Respecto de los 2 locales de Pastelería Don Humberto, José Pérez nos explica que siempre han estado enfocados en los productos tradicionales, como tortas y pasteles de selva negra, tres leches y piña. “También en tortas de yogurt, tartaletas y tortas de panqueques, más bonitas que las de los supermercados, obviamente. Además, evolucionamos con tortas de fondant, pero en menor cantidad”.


Elaboran asimismo empanadas, así como una amplia gama de productos para coctelería y lo que los clientes le vayan solicitando, dentro del giro del negocio.

Han tenido una muy buena respuesta de los clientes. Según José, debido a las buenas recetas, sabrosa elaboración y calidad de las materias primas que no transan.

Dice que en general las personas no les piden cosas nuevas, pero ellos han introducido algunas variedades, como el uso de maracuyá y red velvet en sabores. Además, tienen una línea de tortas y pasteles sin azúcar.


ESTALLIDO Y PANDEMIA

La pandemia y el estallido social no les afectaron tanto, ya que pudieron equilibrar entre la baja de ventas institucionales y el alza en la venta a clientes finales. Si bien los pedidos de hoteles y centros de eventos no se interrumpieron, si bajaron en 90% los de los banqueteros. Pero en el salón de la pastelería, las ventas aumentaron entre 70% y 80%.


“Las personas venían más y nosotros implementamos el delivery para los pedidos. Partimos con Pedidos Ya, pero luego lo hicimos internamente y eso fue mucho mejor. Como tenemos despachadores en vehículos con refrigeración, hicimos una ruta para la mañana y otra para la tarde, lo que resultó muy bien. Se entrega a las 11 de la mañana y luego a las 4 de la tarde”.


Dice que en los tiempos de mayor encierro, “nos comenzaron a pedir mucho más pan y pasteles todos los días. Además, la gente que venía para acá hacía filas… Afortunadamente, por tener pan, siempre pudimos estar abiertos”.


Con el desconfinamiento y la estacionalidad les bajó la venta en el salón, pero les aumentó el área institucional. “Hoy despachamos a unas 7 cafeterías que no teníamos antes”.


Al momento de esta conversación, su empresa llevaba 2 a 3 semanas como socios de Indupan Santiago. “Hoy vino una ejecutiva de atención, nos hizo una revisión y entregó varias sugerencias”.


Dice que le servirá mucho que les aporten informaciones sobre nuevas leyes y sobre cómo podrían afectarles, ya que ellos con el día a día, no tienen tiempo de estar interpretándolas.


Al cerrar esta conversación, José nos comenta que junto con el tema de producción de insumos en el sur, esperan abrir una nueva sucursal en una comuna relativamente cercana, como Ñuñoa o Peñalolén.


Como muchos, anhela también que el negocio siga creciendo y se mantenga en la familia. Y por ello, ver a su hijo de 11 años que visita la panadería y alguna vez le ha ayudado en algunas contingencias, le da esperanzas de que pueda ser así.

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