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SENTIDO INVERSO



Durante el último tiempo, en Chile nos hemos visto expuestos a diversas condiciones económicas, sociales y políticas que se contraponen con una visión que fortalezca el crecimiento, la innovación y el desarrollo de las pymes.


Incertidumbre económica, problemas de seguridad y gobernabilidad, regulaciones laborales excesivas, falta de acceso al financiamiento, proliferación del comercio ilegal que atenta contra la competitividad, costos laborales elevados y desincentivos fiscales, son algunos de los temas recurrentes a los que nos enfrentamos a diario. 


A su vez y de manera lamentable, se observan varios elementos que no contribuyen a potenciar el emprendimiento y la actividad comercial de las empresas que mayor mano de obra utilizan. Es más, apreciamos de manera sistemática, la aparición de normas que lamentablemente atentan contra la generación de empleos de calidad e impactan de forma negativa en la dinámica diaria de la actividad comercial.


Ejemplo de ello es la ley de las 40 horas, que tendrá un impacto en los sistemas de trabajo de empresas pequeñas como las panaderías, en las que tal vez sólo se consiga rebajar la productividad, ya que no será posible contratar más personal.


También la ley que modifica el Código del Trabajo en materia de prevención, investigación y sanción del acoso laboral, sexual y violencia en el trabajo, con un tono frío e impersonal que no contempla las relaciones humanas de calidad que muchas veces se generan en las pymes, como consecuencia de una larga permanencia de las personas en un entorno con muchas características de tipo familiar.


Y es que toda la legislación parece corresponderse con la realidad de las grandes compañías, siendo pensada y diseñada para los esquemas que ellas plantean, en un espiral de desconfianza y labores mecanizadas que distan en demasía de las actividades propias del comercio más pequeño.


Adicionalmente está por resolverse el tema de la reforma previsional, que contempla como elemento central una cotización adicional de 6% que será de cargo del empleador, lo que en la práctica y dado que hoy la cotización es de 10%, viene a gravar en 60% ese ítem, con un impacto que está lejos de estimular la creación de más puestos de trabajo. 


Seamos claros, para apoyar a las pymes, darles oportunidades reales de desarrollo y proteger la fuente laboral de casi el 70% de los chilenos, se necesitan acciones concretas y eficientes que, a la luz de los expertos, se relacionan con medidas como reducción de impuestos, subvenciones y créditos, flexibilidad regulatoria, control efectivo del comercio clandestino, simplificación de la burocracia, incentivos para atraer la inversión y programas de asistencia técnica y formación, entre otros. 


Pero a la luz de lo expuesto, pareciera que vamos encaminados en sentido inverso, al contario de lo que dicta la lógica. Y atención, porque ello puede implicar consecuencias insospechadamente negativas en el mediano y largo plazo. ¿Será posible enrielarnos al menos con lo que dicta el sentido común o seguirá siendo éste el menos común de los sentidos? 

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