Cuando en diciembre de 2019 desde Wuhan, China, se notificaron los primeros casos del síndrome respiratorio agudo severo, causado por el virus SARS-CoV-2, no imaginamos que el Covid-19 se extendería rápidamente para crear una de las peores crisis mundiales de salud pública.

Recién el 11 de marzo de 2020 fue declarada la pandemia global por la Organización Mundial de la Salud. La enfermedad tomó por sorpresa a la comunidad mundial y hoy a un año de su aparición, es necesario reflexionar y revisar cómo desde nuestra experiencia individual de este año de autocuidado, precauciones y restricciones, pasamos a una mirada más colectiva como sociedad.

Las pandemias tienen la capacidad de poner en perspectiva lo vulnerable que podemos ser ante situaciones de salud y, además, cómo la enfermedad no es un proceso al azar, sino que se concentra en ciertos sectores de la población. El Covid-19 ha develado que los determinantes sociales de la salud condicionan a un mayor riesgo a quienes están más expuestos al virus, ya sea por dificultades socioeconómicas, hacinamiento, riesgos laborales, imposibilidad de realizar teletrabajo o bien condiciones precarias en sus empleos o lugares donde viven. Además, hemos visto con estupor cómo la mortalidad por este coronavirus, se acrecienta en nuestros adultos mayores y en personas con patologías previas como hipertensión, diabetes y obesidad entre otras, las cuales son de alta prevalencia en nuestro país.

Si bien es cierto que la mayoría de la población que se contagie sólo tendrá síntomas leves o no presentará ninguno, se genera un deber con el colectivo, en relación a continuar con las medidas de precaución y respetar las instrucciones de la autoridad sanitaria. No sólo es importante si nos contagiamos nosotros, sino que podemos contagiar a otras personas y ellas a otras más. A su vez, es un deber evitar -entre todas y todos- el colapso de nuestros centros de salud, lo cual de paso sobrecarga a funcionarias y funcionarios sanitarios, que llevan prácticamente un año en estado de alerta por la pandemia.

En conjunto con la crisis sanitaria, existe un cansancio generalizado de la comunidad, un estado emocional deteriorado y en muchos sectores, una evidente crisis económica. Frente a esto, las vacunas han tomado una mayor relevancia…

Las vacunas a lo largo de la historia, han sido capaces de controlar y atenuar los efectos de un sinnúmero de enfermedades transmisibles, ya sean causadas por bacterias o virus. Su descubrimiento y aplicación se considera uno de los hitos científicos más relevantes para la salud pública y, por ende, para la humanidad.

La implementación de una vacuna que logre la inmunización artificial en contra del Covid-19 se vuelve una tarea prioritaria, puesto que para cortar la cadena de transmisión del virus, es necesario que más del 70% de la población presente inmunidad.

Respecto a la decisión de vacunarse, es fundamental tener algunas certezas: Se han descubierto varios coronavirus en el mundo que enferman a seres humanos, de los cuales sólo el MERS, el SARS y el SARS-COV-2 son graves. Como ya había estudios de vacunas para los dos primeros, se facilitó y aceleró el proceso de investigación de las vacunas para el Covid-19. Asimismo, el dinero invertido por países y privados en estas investigaciones, alcanza a una cifra nunca antes vista y la enorme cantidad de personas dispuestas a participar en las pruebas, sobrepasa con creces a otros ensayos de vacunas.

En Chile, la vacuna que se autorizó fue producto del análisis de un comité de científicos expertos, previa revisión de los resultados publicados por sus creadores en revistas científicas de calidad.

Continuaremos en pandemia por varios meses más y es por esto que si podemos vacunarnos, debemos hacerlo, además de seguir con las medidas de precaución recomendadas, no sólo para protegernos a cada uno de nosotros, sino especialmente para proteger a las personas vulnerables, así como al personal de salud, para que así nos puedan cuidar si es que nos enfermamos.

Es fundamental, no sólo tener la claridad de lo prioritario que es la vacuna y las medidas de prevención, sino también repensar el colectivo, el sentir solidario y la responsabilidad social. Al vacunarnos nos cuidamos, así como también cuidamos al otro, a la otra y a los demás.

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