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Virginia Demaria Averill, chef y figura de TV


“Comer un pan de calidad, es igual de fuerte y recompensante que una comida bien hecha”


Nació en Santiago, el 31 de octubre de 1980. Es una cocinera-chef y presentadora de televisión chilena, conocida principalmente por su participación en el programa “Pollo en Conserva”.

Es la menor de cinco hermanas; se crio en Vitacura y su padre, de origen italiano, falleció cuando ella tenía tan sólo 7 años.

Su madre, en ese entonces de 39 años, se quedó a cargo de las cinco “niñitas Demaría”, como se les conocía en el colegio La Maisonnette, donde todas estudiaban.

Recuerda que su casa siempre fue un centro de reunión. Amigos y pololos que entraban y salían, y para su madre no había nada más que le gustara que alimentar. Siempre se comía con una mesa bien puesta, con entrada, plato de fondo y postre.

“Crecí en una casa con una abuela italiana y mi madre muy involucrada en la cocina. Los lunes ya se hablaba qué íbamos a comer o almorzar los sábados. Se respetaba mucho el tiempo en la mesa. Siempre probamos sabores distintos… recuerdo que yo comencé a comer sushi a los 12 años, cuando en Chile no existía todavía”.

Su madre siempre buscaba nuevas recetas, nuevos sabores. “Por eso a mí siempre me llamó la atención. Recuerdo perfectamente cuando una de mis hermanas me enseñó a hacer huevos revueltos, cuando yo tenía como 6 años. Quedé fascinada con el proceso. Entonces, siempre me sentí muy vinculada al mundo de cocinar desde muy chica. De hecho, la mayoría de mis recuerdos son en la cocina”.

“Lamentablemente -dice- en esa época no se permitía que los niños se involucraran mucho en la cocina y la participación era más acotada, como enmantequillar una lata…cosas de ese tipo. Pero yo todo el día estaba esperando que me dejaran entrar a la cocina”.

Virginia invitaba a sus amigas y el mejor panorama era hacer galletas. Y ella era quien, en viaje de amigas, fuera de Santiago, estaba a cargo de la cocina.

Su casa -comenta- era acogedora y con reglas estrictas. Sábados, domingos, feriados y vacaciones, incluso después de fiestas de amanecida, ella y sus hermanas debían estar levantadas a las 10 de la mañana, máximo. La flojera no era permitida. Tampoco el “no puedo”. “Fuimos criadas para eventualmente bancarnos lo que venga solas. Todas tenemos nuestras carreras, todas trabajamos y si hay que hacer un arreglo, sacamos martillo y taladro y ya. La gente suele encasillarme en que soy intensa y que hago mil cosas todo el día. Las cinco somos exactamente iguales. Así fuimos educadas”.

Pero mientras las hermanas fueron siempre de sacarse las mejores notas y llevarse todos los reconocimientos académicos, Virginia no supo de diplomas. “A lo más en la libreta de comunicaciones encontrabas un ‘esta gordita exquisita dibuja precioso’. Hasta me llevaron a la sicopedagoga para ver ‘por qué la Virginia tiene 6,3 y el resto de sus hermanas 6,8’. Mi cabeza es como Pinterest, mi memoria es visual, soy negada para las matemáticas y mientras todos comentan el best seller del momento, yo jamás he podido leer un libro completo, porque llego a la página 50 y hace 30 que estoy imaginando dónde voy a colgar el nuevo plato de mi colección o lo que quiero cocinar. Cuando la gente me dice ‘pucha es que tú eres buena para todo: Bordas, tejes, cocinas, dibujas’, la verdad es que no es así”.

En 1999 ingresó a estudiar arte en la Universidad Católica, donde estuvo 2 años, pero las ganas de estudiar gastronomía fueron irresistibles, por lo que en 2001 se incorporó al instituto Culinary, donde estudió cocina internacional.

Esto le permitió trabajar en los restaurantes de prestigiosos de hoteles como Plaza El Bosque, NH y Villarrica Park Lake. Cuando estaba haciendo su última práctica en un restaurante, conoció a Claudia Conserva en ese lugar. Ella la invitó a trabajar en televisión. Y desde ese momento lo hace, comunicando cocina y mezclando con las manualidades que son parte de su vida.

En 2005 debutó en televisión a cargo de la sección de cocina del matinal de La Red, “Pollo en Conserva”, donde rápidamente llamó la atención por su amena forma de enseñar las recetas al público. Se mantuvo en el espacio hasta 2007, cuando fue llamada desde Canal 13 para integrar el entonces nuevo matinal, “El Show de la Mañana”.

En 2006 se casó con Arsenio Molina Lira, con quien tiene 4 hijos. Cuando recién llegó al primero, se trasladó a vivir por casi 2 años a Australia. Regresó a Chile con un segundo hijo y al espacio de Juan Carlos Valdivia y Claudia Conserva. Ahí se mantuvo hasta el último capítulo y luego continuó en el mismo canal en Mañaneros, conducido por Eduardo Fuentes, Magdalena Montes y Juan José Gurruchaga.

Estuvo en Mucho Gusto (Mega, 2012), Manos a la Obra (13 C, 2014), Falabella TV (UCV Televisión/TV+, Telecanal, 2014-2020); Plan V (13 C, 2019); Celebración (Mega Plus, 2019); Casa de Sorpresas (Mega Plus, 2020) y, Plan V: Aprendiendo a Celebrar (Mega Plus, 2020).

Fue una de las 4 conductoras de Sabores de Familia, transmitido para toda América Latina por Utilísima y, en forma paralela, estuvo en Mucho Gusto de Mega.

Otro medio en el que Demaria ha incursionado es la radio. Desde 2011 y hasta el fin de la emblemática Radio Horizonte, condujo el programa Cocaví. Luego fue locutora de Oasis FM, con 2 programas diarios.


En 2016 Virginia Demaria recibió el primer premio de su vida, fue elegida una de las 100 Mujeres Líderes de Chile.

También es autora de varios libros de cocina: Momentos (2011); A mano (2013); Tejer es mi Superpoder (2016); Recetario (2017); Mi Mundo para Colorear (2016); Día a Día; Hecho por ti te Hace Feliz (2019) y, Los Sabores de mi Familia (2020).





EL PAN En el contexto de la pandemia y las cuarentenas, se propuso cumplir con un tema que tenía pendiente. Aprender de pan y de masa madre, “con el tiempo que esto requiere… aprendí y no paré nunca más de hacer pan”, nos comenta. Lo hizo con Nicolás Guzmán, el Hacedor de Pan, con quien se enfocó en trabajar respetando los procesos y los tiempos, “lo que tiene un beneficio adicional para el organismo”.

¿Qué visión tiene del manejo del pan en los restaurantes? En muchos de ellos se coloca el pan, sin ningún respeto, como un cubierto.

Yo creo que eso ha cambiado un poco. Sobre todo ahora, con el “boom” y los conocimientos que las personas están teniendo de los panes con fermentos naturales; con las características que tienen estos, por sobre los otros… Esto lo hace dejar de ser un acompañamiento.

Yo, por lo menos 2 veces a la semana, como sólo un pan con aceite de oliva y ensalada, porque su sabor y calidad es igual de fuerte y recompensante que plato de comida bien hecho.

Pero lo que pasa es que en el comercio están muy acostumbrados a ese pan rápido, barato, envasado, que sin duda no cumple con las características de ser una comida que te produzca esa experiencia completa.


¿Qué te parece esa idea de que en los restaurantes de buen nivel se eleve el estándar haciendo una comida completa, con una recomendación de determinado pan para una comida específica? ¿Lo ves posible?

Sí. Todo se puede, en la medida que haya inquietud y personas dispuestas a probar y desarrollar esas ideas. Tal como hay somelier de agua, de vinos, de queso y de aceites de oliva, tiene que haber uno para el pan.

Para mí el pan es fundamental. No lo veo como acompañamiento. No lo veo como un cubierto. Yo sí espero esa panera. Es la forma más transparente de decirte: Bienvenido a este lugar. Y por eso, generalmente ese pan no va asociado a un precio ni a un cobro.


¿Cree que se debiera cobrar un pan especial para las comidas?

Depende el formato. Si vas a comer sólo pan en un restaurante, un pan increíble, hay que pagar por él.


¿Cómo fue tu experiencia como jurado en el concurso La Mejor Marraqueta 2022?

Lo pasé muy bien. Es una experiencia envidiable poder tener la posibilidad de comer y probar un clásico; tan sabroso y representativo para nosotros como la marraqueta. A diferencia de mis otros colegas del jurado, yo no había comido nada como en 15 horas para poder disfrutar cada una de esas marraquetas. No sólo me preocupé de sus características, sino que me las comí enteras. Estaban súper ricas.

Para mí era clave la forma, el pliegue, la crocancia… A mí, personalmente, me gusta bien tostada. Y lo más crujiente y la miga lo más blanca y ligera posible.


¿Cómo ves la relación futura de la panadería y la gastronomía?

Tengo que la esperanza y es lo que percibo, de que estamos entrando en una etapa de valorar cada vez más lo nuestro. Lo que nos caracteriza y nos representa. Y en eso, la marraqueta es algo que sin duda califica para ese discurso.

Las personas están valorando el trabajo hecho a mano, que no todo esté industrializado, aunque se tenga que pagar un poco más. Entonces, para mí, sin estar en el rubro de la panadería, creo que esto va en crecimiento.


¿Sientes que sigues separada la panadería gourmet con la panadería de barrio?

Siempre es bueno unir fuerzas. Y mientras más oferta se les dé a las personas, más posibilidades van a tener de valorar las diferencias y conocer más sabores. No hay que dividirlos, hay y debe haber para todos los gustos.


¿Cómo servirías una marraqueta?

Su mejor expresión es recién salida del horno, con mantequilla.







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